¿Buenos Aires es como contaban?
Buenos Aires. La sensación que te invade después de unos días es que entiendes mucho mejor las canciones de Calamaro. Todas esas referencias que no sabes a qué corresponden y de pronto descubres que hablan de Buenos Aires: “Pueyrredon y Santa fe por qué vereda camina usted”, “Plantaron en Puerto Madero un almorzadero de trabajador”. Claro que eso sólo te pasa si eres un fan de Calamaro.
Otra cosa que sorprende es lo manifestones que son los porteños. Nosotros nos alojábamos cerca de la Plaza de Mayo y aunque ya no hay madres con pañuelos en la cabeza, día sí, día también había gente reunida quejándose por algo. Alguna vez nos acercamos y entendimos que se quejaban del alcalde, por lo menos en aquella ocasión, pero no nos hagáis mucho caso porque aún no dominábamos mucho el idioma. Los que estaban siempre acampados allí eran los veteranos de la guerra de las Malvinas. No supimos exactamente qué reclamaban, supongo que aún estaban indignados por cómo los cabrones de sus jefes los enviaron al matadero de forma tan cobarde.
Los horarios también son peculiares. Si los españoles, o catalanes, o barceloneses, o de la Trinitat Vella, no se me enojen; presumimos de horarios pensados para la jarana, bueno, retiro lo de barceloneses que el monjealcalde Hereu está convirtiendo la ciudad en un convento; los horarios de Buenos Aires nos ganan por goleada. Puedes cenar en casi todos los restaurantes a horas intempestivas, la una de la madrugada y cosas así, incluso las librerías de la avenida Corrientes, no me provoquen que salgo para allá cagando leches, están abiertas pasada medianoche. Algún lugareño nos contó que antes era más exagerado aún, que la cosa está decayendo, pero aún así impresiona.
Por lo demás, San Telmo es sucio y animado, el centro es muy parecido a Madrid, Puerto Madero feo, muy feo, los bosques de Palermo, un placer para el paseo, curioso el parque Chas con sus laberínticas calles, pero lo mejor, creo que lo mejor es el barrio de La Boca. Y no lo digo por Caminito, que es su calle más famosa y más artificial, lo digo por el resto del barrio, con sus casas bajas, pintadas de colores, medio rotas, con sus gentes humildes, también medio rotas. Es esa auto proclamada República de La Boca la que, definitivamente, marca la diferencia. También es verdad que nosotros estamos condicionados por la ceguera de un nuevo amor, esa belleza de Eloisa Cartonera que nos tiene comido el coco y el corazón.
Al final la impresión es que Buenos Aires quiere ser una ciudad europea pero no lo es. Es mucho más sucia, más caótica, y quizás ése sea su encanto. O no.







































