Enero 10, 2010

Quedamos con Javier para una comida en Hermann y acabamos en el campo de su familia el fin de semana. Y fue un gran fin de semana. Nos permitió conocer una parte de Argentina que seguramente no hubiéramos conocido, y no hablo sólo del paisaje, también de cómo es un campo, cómo son sus casas, cómo es su forma de vida.
Y luego, claro, nos acogieron con esa calidez, con ese vosotros como si fuerais de la familia. Nos regalaron sus eternas sobremesas ̶ política, cine, literatura, anécdotas de la familia que ya casi conocemos íntimamente de oídas ̶ nos regalaron sus discusiones familiares, siempre con buenos modos y ese punto de ironía inteligente, que como tormentas veraniegas aparecen de repente y de repente se van; y sobretodo nos regalaron ese sentimiento de unión familiar que tanto se estila en Argentina y cada vez menos en España. Y las cenizas de la abuela. Esa discusión sobre qué hacer con las cenizas de la abuela, ese hablar de ella con tanto cariño, ese hablar de ella como si allí estuviera, nos trasmitieron una ternura que vale por un viaje.
Así que gracias Argüellos. Ese fin de semana hizo nuestro viaje mucho más rico. ¡Salud!








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