Un día en Valle Fértil
Nadie en su sano juicio planificaría estar un día de visita en Valle Fértil. Es el mejor punto de partida para visitar los parques de la zona, pero tener, tener, no tiene nada. Bueno sí, tiene una estación de autobuses en la que los boletos para salir de allí se habían acabado, así que sin comerlo ni beberlo: Un día en Valle Fértil.
Es el primer pueblo antes de llegar a las puertas del infierno y en verano algún desaprensivo se las deja abiertas. La gente se refugia en sus casas o yo que sé dónde y la mayor parte del día el lugar permanece desierto. Nosotros seguimos el ejemplo de los nativos y a falta de WiFi o de un cyber con Internet decente, volví a revivir aquella época en que las fotos de Pamela Anderson tardaban cinco minutos en cargarse, nos enclaustramos en nuestro cuartucho, mirando al ventilador asmático luchar infructuosamente contra el calor y sudando litros y litros. En algunos de mis delirios provocados por el calor me pareció ver a Kathleen Turner metida en una bañera llena de cubitos de hielo en Fuego en el cuerpo.
A media tarde y aún con el mismo calor, eso no es calor, es otra cosa, salimos de la habitación para probar suerte con la tele del hostal y sí, contra todo pronóstico pudimos ver el Barça – Sevilla, partido de ida de la Copa del Rey. Es cierto, perdimos, pero con un partido de fútbol y unas cuantas cervezas bien frías, demasiadas, la tarde en condiciones extremas se sobrelleva mejor.
Cuando cae el sol el pueblo despierta ligeramente, pero no demasiado. Se empieza a ver a gente por la calle, caminando, en bici o en moto, pero todo se mueve muy lento, como cuando te despiertas de una de esas siestas demasiado largas y tienes los músculos atrofiados. Es curioso pero circulan muchas más motos que coches. También es cierto que las motos se utilizan como si fueran coches. Un caso paradigmático sería el de la madre embarazada con su tres hijos ya natos viajando en un ciclomotor. Eso sí que es aprovechar el espacio.
Después de cenar en una terraza rodeados de perros sin dueño que mientras comes te miran, se restriegan contra tu pierna y a veces se pelean entre ellos, aquí un negocio de apuestas en peleas caninas podría funcionar; la mayor diversión consiste en encontrar al sapo más grande. Las aceras están pobladas de sapos que parecen cabras y que te miran impertérritos cuando pasas por su lado. De verdad no hay sapos más enormes que los de Valle Fértil.
De vuelta al hostal, directos a la cama a esperar al día siguiente, porque dormir con ese calor, que por la noche sigue siendo sofocante, no es tarea sencilla. Aunque intentar conciliar el sueño con un boleto de autobús en el bolsillo que te asegura alejarte al día siguiente de las puertas del infierno facilita la tarea.











Que dura que es la vida del viajante!
Es como si te vas en pleno Agosto a cualquier pueblo por los Monegros; tampoco es para tanto, ¡so quejicas!
Un día perdido… cuidado no os joda el plánning de todo el viaje!
Cuando llegue junio y sigais en Peninsula Valdés con un frío del carajo os acordaréis con nostalgia de este día… tiempo al tiempo.