Buñuelito Moreno
Cuando me enteré del atraco a mano armada que suponía visitar el Perito Moreno mi primera reacción fue el pasármelo de largo, que lo vaya a ver su puta madre. Menos mal que estaba Mònica a mi lado, que tienes que ir, que es impresionante, que te lo digo yo. Y así, medio obligado, claudiqué y fui. Y la verdad es que tienes que ir, que es impresionante, que te lo digo yo, pero con el cabreo del asalto pues claro, las cosas como que se disfrutan menos.
Y es que el Perito Moreno es caro caro, mucho más caro que el resto de parques nacionales en Argentina, y si no eres argentino, pues el triple de caro. Y una cosa que vale el triple de una cosa cara, es una cosa carísima. Espero que por lo menos la siliconada presidenta argentina destine parte de los pingües beneficios a los argentinos y no lo reserve todo para su fortuna personal, que crece y crece y no para de crecer desde que la familia se dedica a eso de ser presidente. Así que si quieren ver glaciares mejor se van a Islandia, que son igual de espectaculares y más accesibles y amables con los visitantes.
Yo, que soy rencoroso por naturaleza, decidí vengarme del puto glaciar y no dedicarle ninguna de las atenciones que merecería si tuviera precios humanos. Le hemos dejado, pues, sin guía croquística, sin foto con John Boy, en realidad sin foto alguna, ni esta entrada tiene foto. En esto te has quedado Buñuelito Moreno, en una triste entrada sin foto.
Ya está, ya pasó, después de esta venganza a escala croqueta, o derecho al pataleo, llámenlo como quieran, ya me siento mucho mejor. Si es que a veces me ciego, ya lo sé, se me inyectan los ojos en sangre y me ciego.






































