Las tres torres
La tienda de campaña, el hornillo, cargar con la comida, la lluvia, el frío, ¡cómo coño se monta una tienda de campaña! Toda la parafernalia se nos hacía un mundo por más que nos dijesen que era la mejor forma de visitar las Torres del Paine. Que son muchos años de vida acomodada, de dormir en camita y de comer caliente. Nos decidimos, pues, contra la opinión de todos los entendidos en la materia y de excursionistas jipis en general, por hacer una excursión de una día al mirador de las torres. Cuando seamos jóvenes ya volveremos para hacer el circuito completo, diez días de nada.
El día empezó bonito, con horita y media de caminata disfrutando del verano patagónico. Bueno, no creo que sea del todo apropiado llamarlo así. En el verano patagónico se te congela un huevo en vez de los dos, como sucede en invierno, así que el solecito que nos acompañaba sería mejor calificarlo como otoño del Maresme. Qué bien, qué suerte la nuestra. Pero la suerte dura lo que dura la suerte, y la nuestra duró hasta el primer refugio de la ruta. A partir de ahí y hasta el mirador dos horas de tormenta de nieve, o granizo, o de nieve mezclada con granizo, yo qué sé, a mi que me cuentan, no tengo porqué dar tantas explicaciones. Después de una breve inspección que confirmaba la congelación de mi testículo derecho les puedo confirmar que sí, que por fin disfrutábamos del verano patagónico.
En la última hora de ascensión una terrible pendiente rompepiernas se unió a la tormenta infundiéndote el deseo de estar en el desembarco de Normandía en vez de allí. Menos mal que al final, en el mirador, uno de esos dioses que pululan por el mundo se apiadó de nosotros y nos despejó un poco el horizonte para que pudiésemos admirar el fastuoso espectáculo de las tres torres, ahí enfrente tuyo, con su laguito a los pies y todo para hacer la postal más bucólica si cabe. Te daban ganas de tumbarte a contemplarlas y dejarte morir por congelación.
De bajada el tiempo siguió mejorando y pudimos contemplar los inmensos paisajes del resto del parque. ¡Cuánto espacio desaprovechado! ¡Como lo pille Zaplana te monta Patagonia D’Or ciudad de vacaciones en un periquete! Una vez abajo, tras seis horas y media de paseo, la torres lucían bajo un cielo azul de catálogo, las muy cabronas. Por lo menos nosotros las vimos, que sabemos de otros que el mismo día subieron al mirador y no vieron una mierda. Démonos, pues, por satisfechos.
A toro pasado está claro que la decisión hacer la excursión de un día fue la acertada porque a ver quien soporta cinco días con ese tiempo de perros que yo solo tengo dos huevos y uno está en proceso de descongelación. Además, para que lo vamos a negar, no estamos en forma. Tanto es así que ahora mismo escribo ésto con la única parte de mi cuerpo en la que no tengo agujetas, los dedos.











buena monica!!!!! que buen relato, que bueno que estes en chilito!!!!!! suerte mañan con las agujetas!!!!
Que envídia me dais,
caminata, frio, lluvia….
Solo faltba yo en esa esplendida excursión
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
Croquebesos…
MariaFraaaaaaaaaaan, no sabes cuanto estamos disfrutando Chile!! Si señor, un gran país.
Que miedo! Im-presionante el lugar :S
Nos repetimos en las bromas immobiliarias cuando hay espacios abiertos, eh?…
Lástima que no hicierais el trekking, nos hubiera consolado la descripción de 10 días en plena congelación estival.. sana (o insana) envidia