Una de romanos
Cuando estás tanto tiempo de viaje hay algunas costumbres que se relajan, como el ducharse cada día, lavarse los dientes cada día, cambiarse la ropa interior cada día; que la higiene se resiente, vamos. Por eso cuando llegas a un lugar como Pucón, famoso por sus múltiples termas naturales, el resto de atractivos se diluyen y tu mente, tu corazón, tu gónadas, sólo tienen ojos para una cosa: termas, termas, termas.
Perdida la higiene, también hemos perdido la vergüenza, por lo que escogimos las termas más baratas para hacer un rato el romano. Quedaron lejos, pues, los tiempos en que escogíamos lo segundo más barato por el qué dirán. Y resultó que las más baratas eran las más baratas porque no tenían ni vestuarios, ni duchas, ni nada, solo unas destartaladas casetas que hacían las veces de todo eso. El resto era de lujo, el emplazamiento, precioso, las pozas, perfectamente integradas con el entorno, poca gente, muy poca. Los Pozones resultaron ser una elección acertada, a pesar de ser la más barata, como muchas veces lo es la más barata.
La profusión de termas en la zona es debida a la gran actividad geotérmica de la región. Tal es ésta que Pucón está presidido, otro pueblo, lago, volcán; por el Villarrica, uno aún activo que suelta un humillo de azufre que echa patrás. Todo ésto lo sabíamos de oídas, porque como buen volcán el tío se ocultaba entre las nubes, pero parece que al relajo de nuestro cuerpo y mente después de las termas le acompañó el relajo de la timidez del Villarica que se dejó ver, al atardecer, durante cinco minutillos que sirvieron para reafirmarnos en varias cosas, que el volcán es precioso, que suelta humillo y que un volcán que suelta humillo lo va a escalar su puta madre.
Termas y volcanes aparte, el emplazamiento donde está situado Pucón es de traca, con unos paisajes de película mires donde mires. Lástima que el pueblo es artificial. Todo en él está destinado al turista, hasta el punto que no parece que viva gente allí, como si fuera un campo base para visitar los alrededores y nada más. Nos ayudó a descubrir que sí, que allí vive gente, el perdernos de vuelta al hostal y pasearnos por las afueras del pueblo durante una hora como pardillos. No hay mal que por bien no venga.
Bien limpitos y relajados después de las termas sanadoras, continuamos nuestro camino hacia el norte, dejando Pucón a nuestras espaldas, con la certeza de volver a saber de él cualquier día en las noticias, cuando pete el volcán, que petará, y se lo lleve todo por delante. Será una lástima.
Nota: Esta entrada fue escrita antes del terremoto, que también se dejó notar en Pucón. Actualmente el volcán Villarrica está siendo monitorizado en previsión de una posible erupción provocada por el sismo.











Esta web acabará siendo famosa por relatar el viaje de las dos croquetas responsables de convertir en inestable la zona por donde pasan.
Al Machu Pichu ni os acerquéis que tengo que ir el año que viene, desestabilizadores
Otra cosa no lo se, pero emociones fuertes no faltan.