Souvenirs: Nuestra familia chilena
Todo empezó porque el hostal al que íbamos a ir en Pichilemu era caro y malo. Buscando una alternativa mejor llegué a los apartamentos Gustamar, donde Mari me atendió. Enseguida conectamos, sobretodo cuando le dije que tenía que consultar la cuestión con mi mujer que era la que mandaba. A partir de ahí todo fueron bromas y risas. Como homenaje a su abuelo catalán nos hizo un precio tan escandalosamente bajo por un apartamento tan escandalosamente cojonudo que no lo pudimos rechazar. ¡A tomar por culo el espíritu mochilero!
Pasamos la tarde compartiendo con ella y Gustavo, su marido, un té a la chilena, es decir, un poco de té y comida para parar un tren. Hablamos de sus antepasados, de Catalunya, de Chile, de su negocio, de los nuestros, de viajar, de su sueño de visitar Barcelona, la patria de su abuelo. Se nos hizo de noche con Gustavo intentando imitar el acento español. Lo que más le gustaba decir, mejor dicho gritar, era ¡sois unos gilipollas! Sería divertido estar allí cuando lleguen sus próximos huéspedes españoles para ver como los recibe al grito vikingo de ¡Gilipollas! Es tan espectacular la cosa que deberían declarar el alarido de Gustavo atractivo turístico en Pichilemu.
A Maxi, el nieto, no lo conocimos bien hasta después del temblor. A sus diez añitos tuvo que soportar un terremoto, un tsunami, vivir dos días en un cerro y a dos capullos que le hacían croquetas, la daban de comer cojines, lo utilizaban como estantería para sus bolsas y trescientas perrerías más. A pesar de todo eso no nos acabó odiando, así que le regalamos una linterna cojonuda que, lo siento mama, me había dado mi madre para el viaje. Estaba tan contento con ella el weón. Nos prometió venir a visitarnos a Barcelona dentro de veinticinco años, cuando se espera el próximo gran terremoto en Chile. ¡A ver si se acuerda!
El resto ya lo sabéis, cogernos de la manita durante tres días y guiarnos en medio de un escenario que nos venía demasiado grande. Y a pesar del follón siempre había tiempo para un ¡sois unos gilipollas! en el momento más inesperado. ¡Tú si que eres gilipollas, Gustavo!
A día de hoy, a causa del seísmo, aún no pueden volver a su casa de Pichilemu y tienen que vivir en Chépica con sus hijos. Dentro de un tiempo, cuando se normalice un poco la situación, les queremos hacer enviar un regalazo desde Barcelona, así que se agradecen ideas. Cuando regresemos a casa nos gustaría ayudarles a cumplir su sueño de visitar la tierra de sus abuelos. Haremos lo posible.
Así es nuestra familia chilena. Esperamos que también sea un poco la vuestra.








































