Inventario
Inventario de venturas y desventuras en Valparaíso.
Día 1
Venturas: Pudimos observar Valparaíso desde el mar gracias a unas barquitas de pescadores que te llevan a dar un paseo por la bahía. De vuelta al hostal descubrimos un bar donde hacen los mejores Pisco Sour que hemos probado. Ya teníamos lugar para nuestra dosis diaria durante la estancia.
Desventuras: En el hotel las pulgas nos pusieron a caldo. Bueno, nosotros creíamos que eran pulgas pero en realidad eran zancudos, unos mosquitos cabrones que ríete tu de los mosquitos tigre de Barcelona. Cuando lo descubrimos era demasiado tarde y habíamos hecho que los pobres del hostal nos cambiaran de habitación y desinfectaran la antigua.
Día 2
Venturas: Los ascensores de la ciudad funcionaban a pesar del terremoto. Parece increíble porque son más viejos que Carracuca y la única seguridad que brindan es la de que te vas a matar como te subas a ellos. Sin embargo ahí seguían, al pie del cañón, escalando los empinadísimas cuestas de los diferentes montes de la cuidad. Unas cuestas que ríete tu de las del Carmelo. Por supuesto nos subimos en todos los que pudimos.
Desventuras: Un terremoto de 6.9 grados sacudió la ciudad a mediodía. A nosotros nos pareció un juego de niños comparado con el dos semanas antes, 8.8, pero el ver correr a la gente colina arriba por si llegaba el tsunami nos animó a seguir su ejemplo. Por suerte en una hora todo volvía a estar normalizado y paseábamos por la ciudad como si nada, como si no fuéramos nosotros los gafes. Los ascensores, como es natural, siguieron como si nada.
Día 3
Venturas: Por fin conseguimos ir a un museo. La afortunada fue otra de las casas de Pablo Neruda, esta vez La Sebastiana. Un museo incluso con él habitándola, ya que era un coleccionista compulsivo y la casa estaba llena de cachivaches de lo más curiosos. Impresionante el gusto que tenía el amigo para escoger la ubicación de sus residencias, con unas vistas del copón. Así lo cuenta.
“El Océano Pacífico se salía del mapa.
No había dónde ponerlo.
Era tan grande, caótico y azul que no encajaba en ninguna parte.
Por eso lo dejaron frente a mi ventana”
Desventuras: El bar de nuestras turcas estaba cerrado. Encontramos otro antro donde saciar nuestra sed de pisco pero no fue lo mismo. Tuvimos que conformarnos con el Pacífico frente a nuestra ventana.











Veo que os mantenéis en forma…o en formol, que el alcohol no cese de correr por las venas no sea que os entre el síndrome de abstinencia!.
La abstinencia que comenta Alberto de queda claro que de alcohol no es ; despues del canguelo de otras cosas puede………….
¡Que no falte el buen humor………………..¡
[...] te sodomizan, y es que si no fuéramos allí nos perderíamos un montón de lugares, los montes de Valparaíso, las calles de La Paz, las Ramblas de Barcelona. Por eso, cuando nos dijeron que Huaquillas, primer [...]