Teoría de los espejos
Qué mejor manera de acabar con Chile que visitando San Pedro de Atacama. No me refiero a acabar, acabar, a destruirlo, a exterminarlo, a hacer que se hunda para siempre en el océano, no; me refiero a acabar con nuestro periplo, con nuestro trayecto, con nuestro deambular por estas tierras.
El desértico desierto que custodia la carretera de Calama a San Pedro ya vale por todo el viaje, aunque luego, la población, ofrezca muchas cosas más, entre otras las rutas hacia Salta (Argentina) y Uyuni (Bolivia). Parece tratarse de un epicentro de rutas colosales, aunque, de nuevo, es mucho más. Nosotros tomamos el camino de Uyuni, pero ésa ya es otra historia.
Hablando de epicentros, San Pedro, con sus preciosas casitas de adobe, todas de una planta, todas cuidadas con primor, está en serio peligro de desaparecer del mapa en cuanto un terremoto medio serio se decida a visitarlo. Y lo visitará. Pero antes de eso, todas esas hermosas casitas tradicionales esconden agencias de viajes, restaurantes, cambio de moneda, todas la cosas que un turista puede necesitar para conocer los alrededores.
De la infinidad de atractivos que se nos ofrecían sólo podíamos atacar unos cuantos, Bolivia nos esperaba, así que ¿cómo elegir? Qué mejor criterio que nuestro criterio habitual, el criterio infantil que aún nos gobierna, el criterio de la diversión y el moco. Así que nos decidimos por flotar en un lago salino, donde no te hundes por mucho que lo intentes, la Laguna Céjar; por bañarnos en las aguas termales, a 4.320 metros de altura y diez grados bajo cero de temperatura ambiente, del Geiser de el Tatio; por mirar las estrellas con ojos de niño en el mejor cielo del mundo, el cielo nocturno de Atacama.
Así, de regalo, en una laguna salada en la que ya sólo quedaba sal, nos encontramos con una gran puesta de sol. Yo no soy integrista de las puestas de sol, es más, pienso que están sobrevaloradas, pero puestos a admirarlas soy de los que sostienen, contra la corriente popular, que es mejor mirar al lado opuesto, donde parece que nada va a suceder, ¡burro, dónde miras, que el sol está al otro lado! Pero sucede. Y sucedió. Y las montañas empezaron a ponerse rojas ante nuestros ojos, las montañas que eran volcanes, enormes, monstruosos, y al rojo se sobreponía el negro de la sombra de otras montañas, de otros volcanes, y el cielo también se tiñó de rojo, y las nubes también, y al final, en un instante, las montañas quedaron negras, y después el cielo, dejando solas a las nubes rojas, pobrecitas. Y aunque las puestas de sol estén sobrevaloradas, ¡tremenda puesta de sol!
Con ganas de más pero con días de menos abandonamos San Pedro, abandonamos Chile. Pero no para siempre, ojo, que de esta vida no pasa que volvamos.











Uhhhmmm!! Que rico nos poneis a San Pedro de Atacama.
Pues para allá vamos dentro de unas horas, y recorriendo el camino de Salta a Atacama.
Así que ya os contaremos que tal es esta ruta, si no nos mata el gélido aire acondicionado del bus y podemos ver el paisaje.
¡Que el buen aceite de oliva os acompañe!
Pues si después vais de San Pedro a Uyuni (Bolivia) pasando por el salar (3 days tour, barato, barato) habréis tocado el cielo, Es lo mejor que hemos visto hasta ahora.
Si! Salimos mañana con este tour de 3 días, ya estamos impacientes
No os arrepentiréis.