Sacrificios rituales
Ufano y orgulloso, con mis mejores galas, caminaba por las calles blancas de Arequipa en busca de la cita tanto tiempo esperada. Juanita. La gente me miraba por la calle, no como de costumbre, pensando vaya tirado y cambiándose de acera; me miraban con admiración, sobretodo las mujeres, pensando ojalá fuera yo su cita, ojalá me vieran de su brazo por la calle. Pero ese día era para Juanita, sólo tenía ojos para Juanita.
El encuentro era en el Museo Santuario de Altura del Sur Andino de la Universidad Católica de Santa María. Pedazo de nombre a juego con tan magna ocasión. Último repaso a mi atuendo y entré en la recepción. Venía a ver a Juanita, por favor. Juanita no está, señor, está tomando una cura de rejuvenecimiento. ¡Cómo que no está! Lo siento señor, en su lugar tenemos a Sarita. A ver un momento, me parece muy bien que esté Sarita, pero yo venía a ver a Juanita, ¡yo quiero ver a Juanita! Señor, lo siento, tendrá que conformarse con Sarita, a Juanita la están restaurando. ¿Qué más le da una momia que otra?
Eso ya era el colmo, ¡comparar a Sarita con Juanita! Juanita era mucho más joven, y más guapa, y estaba en posición fetal, y tenía en la cabeza los restos del golpe de mazo que le dieron para matarla. ¡Donde vas a parar!
Negación, ira, discusión, depresión, aceptación. Bueno, vale, si no puede ser no puede ser y, ya que estamos aquí, vamos a visitar el museo. Una guía muy amable me explicó que a veces, los incas, sacrificaban a jóvenes para aplacar las iras de la multitud de volcanes diseminados por su territorio. Normalmente escogían a una niña pura y la ofrendaban en la cima de una montaña bien alta, la enterraban allí mismo e ira aplacada por un tiempo. Datos concretos: Juanita fue sacrificada con catorce años de edad, Sarita con diecisiete. ¡Ja! Lo que yo decía, más joven. La guía siguió con su explicación mientras yo a Sarita casi ni la miré. La herida estaba demasiado reciente.
Cuando salí a la calle notaba el cuerpo extraño. La historia de los sacrificios humanos me había dejado un poco pallá, así que decidí ir al Monasterio de Santa Catalina en buscar de paz de espíritu. Allí, otra guía la mar de simpática nos paseaba por el lugar, que es una pequeña ciudad dentro de la ciudad, mientras nos explicaba la vida y milagros de las buenas monjitas, que ingresaban en el convento a los doce años para no salir nunca más. Huyendo de sacrificios humanos me encontré con más sacrificios humanos. Que quieren que les diga, encuentro mucho más civilizado el sacrificio inca, que se cepillaba a la niña y ya. El cristiano, con la tortura incluida de vivir toda la puta vida encerrada en el convento, es mucho peor. Pero claro, seguramente mi opinión es demasiado partidista. Ya saben lo que siento por Juanita.











Es cierto, los incas son más civilizados, sabiendo lo que hacen los cristianos con los niños, donde van a parar.
Qué decepción que te cambien la momia así porque sí, pero bueno, en Perú te hacen estos cambios y mantienen el precio de las cosas (como en el tren a Aguas Calientes) y se quedan tan panchos. Intentaremos sobrellevar estos cabreos a base de Piscos!
me encanta releer… y más si he pasado por allí