Mayo 20, 2010
Mayo 20, 2010
Crónica del paseo de cuatro días por la Cordillera Blanca, que cada vez es menos blanca a causa del calentamiento global.
La Cordillera (cada vez menos) Blanca from mundocroqueta on Vimeo.
No íbamos a ir a Lima, ¿pa qué? ¡si en Lima no hay ná! Pero a veces acabas justo en el lugar donde no querías estar, o porque es la opción más fácil, o porque alguien te vende la moto, o porque no tienes más huevos que pasar por allí para llegar a tu próximo destino. Nuestra razón fue un tren.
Creo que alguna vez os he explicado que me encantan los trenes, que es mi transporte favorito, que si se puede viajar en tren casi siempre escojo esa opción. Y en Lima, amigo, esperaba un tren con mayúsculas, el Lima–Huancayo, la vía ferroviaria más alta del mundo. Y cómo me iba yo a resistir a tomarlo, aunque saliera desde Lima. Así que allí dirigimos nuestros pasos en busca del trayecto soñado, como siempre sin saber la frecuencia, como siempre sin saber si se tenía que reservar, como siempre con una mano delante y otra detrás. Previsor que es uno. Y pasó lo que tenía que pasar. No hacía falta reservar, cómo va a hacer falta reservar si al tren aún le quedaban veinte días para partir. Y uno puede tener mucho amor al ferrocarril pero ¿veinte días en Lima? ¡Si en Lima no hay ná!
Ya que estábamos allí nos dimos una vuelta, paseamos por el barrio de Miraflores, por el centro, por el barrio chino. Y a veces pasa que en el lugar que menos te esperas encuentras las cosas más interesantes, las que más te impresionan, las que más te conmueven. No es éste el caso ¡En Lima no hay ná! Ni tren.








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