Y van tres
Aquí es donde Pizarro prometió a Atahualpa, último emperador de los incas, que le perdonaría la vida si le entregaba tres habitaciones repletas de oro y plata. Atahualpa se las entregó. Pizarro se lo cepilló igual. ¡Eso te pasa por confiar en los españoles, pardillo! Del episodio sólo queda la memoria y el cuarto del rescate, una habitación vacía con una raya en el techo que dice hasta aquí llegaba el oro. Decepcionante. Quizás fue por eso, por la broma del amigo Pizarro, que Cajamarca nos recibió con un terremoto de 6,4 grados, el tercero de nuestro viaje, el menos movidito. Parece que la cosa se va calmando.
Al día siguiente y para congraciarnos con la naturaleza nos fuimos a pasear por la campiña. Me pregunto si será esa la manera correcta congraciarse con ella, pisotearla sin rubor con las bota sucias. Yo diría que no pero con la naturaleza nunca se sabe. Pero antes visitamos Cumbemayo, un bosque de piedra adornado por unos canales preincas muy bonicos, todo ello aderezado con un guía garrulo y gritón que repetía la misma cosa ochenta veces por si no lo habíamos entendido. ¡Como si hablara en quechua el tío melón!
Como habíamos venido a caminar por el campo y aquí no se ha caminado por el campo, abandonamos al lumbreras y al grupo de turistas peruanos que nos acompañaba y nos dirigimos a un monte cercano, el mismo monte sobre el que el lumbreras nos había ilustrado, sí hombre, camináis hacia allí y luego detrás de la montaña enseguida se ve el camino para volver a Cajamarca. ¡Y unos cojones! Allí ni había camino ni había nada. Nosotros, en vez de recular aceptando la derrota, seguimos adelante con un tiene que estar por aquí cerca en la boca hasta que, como no podía ser de otra manera, nos perdimos como unos peleles.
Ya lo decían las abuelas, cuando te pierdes lo mejor es preguntar, así que preguntamos. Preguntamos a los agricultores que estaban por allí, trabajando sus tierras, a los agricultores que te hablan medio en castellano, medio en quechua, o qué sé yo como te hablan, y que no hay dios que los entienda, a los agricultores que te dicen, sí, hombre, es muy fácil, el camino está por allá y cuando les pides que repitan por dónde te señalan a un sitio diferente, a los agricultores que están aburridos y aprovechan para darte cháchara y descansar un rato, a los agricultores que por fin, y después de pasar por unos cuantos, te enseñan el camino de vuelta.
Ya por la noche, después de llegar muchísimo más tarde de lo previsto, nos fuimos a cenar con una antigua amiga de Mònica, antigua de las que hace veinte años que no ves, pero que aún así nos abrió las puertas de su casa y nos dio cobijo durante dos noches. Durante la cena, comentando lo del terremoto, surgió en la conversación nuestra fama de gafes. Laia llevaba viviendo tres años en Cajamarca y no había vivido ningún temblor así de fuerte. Cuando le explicamos nuestra historia con los sismos nos dijo que nos fuéramos de su casa inmediatamente. Todos nos reímos mucho con la broma. Aunque yo no estoy tan seguro de que fuera una broma.











[...] inminente visita al país intercanviaron mails para ponernos en contacto. Cosas de la vida, vive en Cajamarca destino no marcado en las guías turísticas como lugar de interés, pero por esas mismas cosas de [...]