Mucho más que incas
De Alto Cedro voy para Marcané, llego a Cueto, voy para Mayarí. Vale que mi cerebro decida por su cuenta ponerse a cantar durante horas la misma canción, pero que en las ruinas de Chan Chan se ponga a cantar Chan Chan, esa falta de originalidad, esa asociación de ideas tan ramplona, eso sí que no se lo tolero. Claro que no tolerarle cosas al cerebro sin poder hacer nada al respecto parece más bien absurdo, él va a lo suyo, aunque yo sigo defendiendo mi derecho al pataleo, a la rebelión contra lo inevitable, tal como Voltaire se rebeló contra el terremoto de Lisboa. Al final, y a pesar de lo previsible, la cancioncilla resultó un acompañamiento ideal para la espectacular visita a las ruinas de los alrededores de Trujillo. No visitamos todas la visitables, hay un montón en una zona relativamente pequeña, pero las visitadas resultaron formidables.
En Chan Chan, al pie de la carretera, hay multitud de palacios destruidos y un par rehabilitados. Entre lo que queda en pie y lo reconstruido, la impresión que tienes al entrar en uno de ellos es impactante. Te puedes imaginar perfectamente cómo era, cómo se vivía, pero lo que no te imaginas es que aquí los malos, los que se cepillaron a la civilización propietaria del lugar, los chimúes, no fueron los españoles, ¡fueron los incas! ¡Chúpate ésa! Al fin, después de recorrer esta joya no queda sino preguntase ¿qué coño pasa aquí que no hay turistas?
Las Huacas del Sol y de la Luna no son menos impresionantes. Tras siglos de estar enterradas, las dos pirámides están empezando a salir a la luz. De momento sólo se está excavando la de la luna, que para la otra no hay plata. Se pueden contemplar cinco niveles completos de la puerta principal del templo así como unos grabados inmejorablemente conservados por la arena, tantas veces destructora y aquí salvadora de colores y formas. Al fin, después de recorrer esta joya no queda sino preguntase ¿qué coño pasa aquí que no hay turistas?
Así, de sopetón, sin comerlo ni beberlo, te topas con un día de visitas particulares a ruinas pre-incas de ensueño, grandiosas, donde te es fácil imaginar al rey, a los sacerdotes, los sacrificios rituales, las ceremonias sagradas que se llevaban a cabo mientras Compay Segundo entonaba su Chan Chan. Un día que aquellos en los que te acuestas orgulloso de haberte puesto el mundo por montera.
Y al fin, después del impacto de lo inesperado piensas que por el norte de Perú turistas extranjeros pocos, y que no será porque falten atractivos, que algunos, como éstos, son mucho mas impactantes que muchas de las joyas de la corona del visite Perú en quince días, que la poca afluencia de guiris tiene sus ventajas, la tranquilidad, el precio, la cancioncilla que entona tu cerebro cuando está tan a gusto, que ojalá siga así por muchos años y que los afortunados que visiten esta zona puedan preguntarse asombrados ¿qué coño pasa aquí que no hay turistas?












































