Rubio y cachas
Las películas americanas me han enseñado mucho. Cosas buenas y útiles que te ayudan a vivir. Da igual que la jefa de animadoras está enrollada con el capitán del equipo de fútbol, si tú la quieres sinceramente y la deseas con todas tus fuerzas, aunque seas un pringao, un novato, un patético empollón gafotas, conseguirás que caiga rendida en tus brazos. Si un malvado te está dando de hostias hasta en el carnet de identidad, si ya tienes rotas las dos piernas y el coxis, no te preocupes, tú eres el bueno, el chico de la película, conseguirás rehacerte y darle pal pelo. Si un psicópata asesino merodea por la cabaña aislada en el bosque donde estáis pasando el fin de semana tú y tus amigos ni se te ocurra ponerte a fornicar, serás el primero en morir.
Sin embargo, la enseñanza más importante, la definitiva, la que ha gobernado mi vida en los últimos meses es que los surferos, todos sin excepción, son rubios y están cachas. Y para conseguir estar cachas yo mismo, para conseguir tener yo mismo unas mechas rubio platino que cieguen a las damas y las hagan caer rendidas a mis pies, he encaminado mis pasos hacia un único objetivo, hacer de mi un surfero como los de las películas. He dejado el trabajo, he abandonado mi país, he engañado a mi mujer para venderle las virtudes del surf, y al final, después de treinta y seis años de vagar por el mundo sin pena ni gloria, me he puesto manos a la obra.
Hasta hoy mi experiencia se reduce a cinco días de práctica en Huanchaco y tres en Máncora. Hasta hoy me he dedicado a estar sentado en la tabla esperando que venga una ola que se adecue a mis capacidades sin saber cómo es una ola que se adecua a mis capacidades, me he dedicado a contemplar a los peces que saltan sobre la superficie del Pacífico como diciendo a los pelícanos venid y comedme si tenéis huevos, me he dedicado a nadar como un poseso en pos de olas que nunca alcanzo, me he dedicado a espantar de mi lado a los pececillos que te muerden las manos y los pies más para entretenerse que para alimentarse, me he dedicado a rezar para que no me picara una raya como la que le picó a aquella chica el otro día en la playa, la tuvimos que llevar a la clínica en volandas a la pobre, me he dedicado a ver las puesta de sol sentado en la tabla, ya sin esperar ninguna ola. Hasta hoy ningún músculo resalta de forma especial en mi anatomía. Hasta hoy ningún mechón rubio asoma entre mi cabello. Será que lo que hago, hasta hoy, no puede considerarse surf. Las películas americanas nunca mienten.











A mí me pareció verte un incipiente mechón dorado en alguna de las fotos
agua oxigenada y dos piedras!!!
Segur que estás més guapo amb el teu cabell natural! No et tenyeixis!!! No caigas en la tentación rubia!!
I la Mònica que opina de tot això?
MUAC!!!
Patri
Supongo que tambien te estas dejando melenita?
Hay un detalle importantísimo que creo que puede ser el detonante de tu “fracaso” y que no has tenido en cuenta… ningún surfista de película americana tiene moreno paleta.
Quizás deberías empezar por tomar el sol en bañador y quitarte la camiseta tipo “imperio”.