No todos los gatos son pardos
Después de nuestro paso por Lima estábamos recelosos de Quito. Gran capital y a nosotros las grandes capitales como que no. Además no teníamos demasiadas referencias sobre la ciudad, así de informados vamos nosotros por el mundo. Llegamos, pues, llenos de prejuicios y lloviendo.
Fuimos a parar donde va a parar todo el mundo, a La Mariscal, el barrio pijo, donde se concentran hostales, restaurantes, bares, todo muy moderno, todo muy chic, todo pensado para los turistas o para los ricos de la capital, y ya se sabe, cosas de turistas, precios de turistas. La verdad, para ver ésto me quedo en casa.
Pero poco a poco se nos fue secando la espuma de la boca, se fueron diluyendo los prejuicios y apareció ante nuestros ojos el Quito real, el Quito alargado que no se acaba nunca, escoltado por enormes montañas, algunas de ellas volcanes, que ciñen el trazado urbano como un corsé de encaje, el Quito del casco histórico, perfectamente cuidado, perfectamente limpio, perfectamente colonial, perfectamente paseable durante horas y horas, el Quito del trolebús, siempre presente, siempre hasta los topes, siempre a toda hostia.
Además, nos dio la impresión de ser una ciudad bastante segura, claro que nosotros sólo nos movimos por barrios turísticos, de día y con luz y taquígrafos, como mandan los timoratos cánones del viajero occidental. Incluso, fíjense si fuimos buenos, para ir al teleférico que te lleva desde la ciudad a las inmediaciones del volcán Pichincha, tomamos un taxi, que la guía decía, ¿para qué coño leeremos la guía?, que ir andando hasta allí era robo seguro. Lo que no decía la guía, ¿para qué coño leeremos la guía?, es que si te habías salvado de ser desplumado en el camino del taquillero sí que no se libra ni dios. Él te está esperando allí, paciente, tranquilo, viendo como os acercáis tu y tus dólares, con unas tarifas que harían las delicias del alcalde Hereu. Por lo menos si está nublado y no se ve el volcán podrían devolver parte de la entrada, digo yo.
Pero, pelillos a la mar, queremos disculparnos con Quito, por haber pensado mal, por haberla mirado con ojos recelosos, por compararla con Lima. Sobretodo por compararla con Lima. Queda pues escrito que nos gustó mucho Quito.
NOTA: Se aceptan insultos, vejaciones y escarnio público por la impresentable y condenable rima del final, pero es que no me he podido resistir.











Estoy totalmente de acuerdo en este artículo sobre Quito
Cómo mola vuestra nueva cabecera playera ecuatoriana! Nos dejáis con las ganas de ir ya preparando un próximo viaje a Ecuador y Colombia, que en este no va a poder ser…
Cada cop vos supereu, i la surfera cap per val……. ji, ji, ji.
[...] ellos paseamos por el bonito centro colonial de Quito, fuimos a saltar del hemisferio norte al hemisferio sur en la mitad del mundo, nos acercamos al [...]