El descanso del guerrero
El trabajo del viajero es duro. Horas de autobús, de búsqueda, de nuevas experiencias, de tiempos muertos. Por eso, siempre que vemos un letrero que dice aguas termales hacia allá que nos vamos de cabeza, para relajar el cuerpo y la mente, para darnos un alivio de esta vida nómada trituraespaldas. Si esas termas son, además, un atractivo principal del país, entonces ya ni te digo.
Eso pasa con las termas de Papallacta, elogiadas en todas las guías como una atracción de no perderse. Se pueden visitar en excursión de un día desde Quito, así que, obedientes a nuestra fiebre termal, para allá que nos fuimos sin prestar demasiada atención a los detalles.
Los detalles, esos pequeños caprichosos que pueden hacer de lo óptimo algo trágico y de lo bello algo detestable. Los detalles, en el caso que nos ocupa, tienen forma de trolebús, de autobús, de carrobús. Tienen forma de más de una hora de trolebús hasta la estación principal, tienen forma de más de dos horas de autobús cochinero a manos de conductor suicida, tienen forma de quince minutos de carrobús de esos que transportan personas, animales y cosas. Más de tres horas en total para llegar a la tierra prometida. Escoge el camino tortuoso me decían siempre en mi escuela de masoquistas, así que de momento la excursión iba en consonancia con mi educación.
Desde las termas, dicen las guías, podrás contemplar la silueta de espectaculares volcanes, dicen las guías. La visión de tamaña naturaleza, dicen las guías, harán de tu experiencia termal un momento inolvidable, dicen las guías. Viajaba mejor sin guía, pensaba yo desde la piscina de agua más caliente mientras contemplaba los inmensos nubarrones que tapaban lo que recomendaban las putas guías.
Un poco más de una hora de baños relajantes, una truchita para reponer fuerzas y de vuelta a casa con el mismo camino tortuoso, a la inversa, por delante. Bueno, el mismo, el mismo no, que esta vez había más detalles. Como esperar media hora el bus, ahora llueve, ahora no llueve, con una cuneta de carretera secundaria por estación. Como encontrarte con que todos los asientos están ocupados y tienes que ir de pie hora y media dejando tu vida en manos de otro conductor suicida. Como decidir tomar un taxi al llegar a Quito para no chuparte la más de una hora de trolebús y encontrarte con que el taxi tarda aún más.
De vuelta al hostal, besando el suelo por haber llegado al fin, te encuentras con que si fuiste por capricho, más por la imagen mítica que nos hemos formado durante el viaje que por necesidad, ahora el cuerpo sí que pedía termas a gritos. La espalda hecha un siete reclamaba su ración de agüitas reparadoras para dejar de quejarse. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Volvemos mañana?











Jajaja …
Es lo que tiene ser así … aunque claro .. las guias estan para eso .. para liarnos ..
No te quejes, que ibas bien acompañado con Carlos.
Y en Europa preocupados por la crisis………….
En vez de tanto booq, pídete un calentador de agua, te hará más servicio..