Kit Kat
En nuestro merecido retiro vacacional de dos semanas en Montañita buscábamos playa y surf. Playa y surf encontramos. Y mucho más.
Encontramos un pueblo lleno de jipis. Tienen tomadas las calles con sus tenderetes de artesanías varias, collares, pulseras, pendientes. Se pasan el día sentados en la acera trenzando hilillos y haciendo manualidades. Cuando menos te lo esperas te deleitan con un espectáculo jipi, ya sean canciones folclóricas, revolucionarias, malabarismos con antorchas, con cuchillos, con bicicletas de dos ruedas y de una. También los puedes encontrar a cualquier hora con cestas de comida que ofrecen a los transeúntes, pizzas, calzones, pudding, pan integral. No importa que vayas cargado con la tabla de surf, mojado como un pollo mojado, con pinta de llevar encima el cansancio y nada más, ellos, insistentes, te ofrecerán sus viandas aunque no tengas manos con qué cogerlas. Y una característica común a todos ellos, siempre van descalzos. Jipis del mundo ¿por qué coño vais siempre descalzos?
Encontramos fiesta por un tubo. La música a toda pastilla a cualquier hora del día o de la noche. Todo ello controlado por israelitas que se han hecho los dueños del cotarro, por lo menos de la mayoría del cotarro, ofreciendo a sus paisanos que paran por allí todo los que pueden necesitar después de tres años de mili: alcohol, juerga y mujeres. Nosotros, que somos viejos y ya no nos van las multitudes, nos conformamos con soldarnos a la barra del chiringuito de Julio, donde pagamos el colegio de sus hijos a golpe de mojito.
Encontramos mejunjes sexuales de razas y colores. Guiris con guiris, jipis con guiris, guiri macho con nativa hembra, algún que otro travesti y sobretodo, sobretodo, surfero nativo con guiri rubia. Surferos nativos de pelo largo que cada noche llevaban del brazo a una rubia diferente, flaca, gorda, fea, guapa, alta, baja, da lo mismo, pero siempre rubia.
Encontramos fauna agresiva y salvaje. Fuimos atacados por hordas de mosquitos, millones de ellos, que montaron un banco de sangre con lo que nos succionaron a nosotros. Fuimos atacados por medusas azules que te electrificaban los brazos mientras remabas sobre la tabla de surf. Y lo más raro de todo, fuimos atacados por un ganso que habitaba en nuestro hotel y que cada vez que nos veía cantaba a zafarrancho de combate y se lanzaba, el pico por delante, contra nuestro aparato genital.
Encontramos cortes de luz, dos veces al día según receta médica, redadas de la policía migratoria contra jipis indocumentados, ley seca los domingos, un peruano que venía al hostal a cocinarnos ceviche, patrullas ciudadanas contra los cacos, ni un caco, surferos suicidas, el absurdo de las mareas, tres hermanos locos inventores de cócteles, dos millones de pájaros colgados de los cables y un niño perro.
Sin buscar encontramos mucho. Salimos de nuevo a buscar, a ver qué encontramos.











[...] un descanso en nuestro descanso en Montañita, salimos en barca a avistar ballenas, intrépidos [...]
Y encima habréis cobrado en estas dos semanas de vacaciones lo mismo que en vuestro sesudo trabajo de turistas asilvestrados…
[...] a Montañita dos semanas para descansar y surfear, pero después de la primera noche ya supimos que además [...]