Souvenirs: Coctelero y Cocinero
Fuimos a Montañita dos semanas para descansar y surfear, pero después de la primera noche ya supimos que además íbamos a mojitear. ¡Qué remedio! Nos encontramos con una pequeña calle, llamada de los cócteles, llena de pequeños chiringuitos con la música a toda leche donde preparan todo tipo de cócteles a precios populares. Aunque a nosotros, que nos hemos vuelto más tacaños que los abuelos que guardan los billetes debajo del colchón, no nos pareció lo suficientemente barato e hicimos un estudio de mercado en busca de mejores condiciones. Finalmente hicimos un buen negocio en el chiringuito de Julio, que nos preparó los mejores mojitos que he probado en mi vida. Allí hablamos de la vida, de la muerte, del Ecuador, del mundial, conocimos a sus hijos, a su hija que saca las mejores notas de la clase, jugamos con el niño perro.
Allí fue donde conocimos a Juan Carlos, un cocinero peruano que se dedica a recorrer Sudamérica tratando de desvelar los secretos más íntimos de su cocina para después abrir su propio restaurante en Máncora (Perú). Lleva dos meses en Montañita y para sacar unos dinerillos diseña y zurce unos estrafalarios sombreros hechos con piel de coco dignos de la mejor Ágatha Ruiz de la Prada.
Una noche, mientras jugábamos con Julio y Juan Carlos al dominó, aparecieron unos belgas, hermanos ellos, con los que compartimos mesa y mantel. Los amigos belgas, al venir medio borrachillos, destaparon su lado más creativo y quisieron crear su propio cóctel, el CED’RON. Se plantaron detrás de la barra y con la ayuda de Julio y de media hora de prueba y error parieron un nuevo y revolucionario trago, colorido y sabroso, que promete ser la bebida estrella de las noches ecuatorianas. Al día siguiente vimos que la nueva creación ya estaba incluida en la carta. Julio proclamaba orgulloso: “Yo tengo la exclusividad del CED’RON”. A su lado los belgas, que tenían una resaca de belga, bebían resignados un CED’RON tras otro a modo de agradecimiento.
Una noche Juan Carlos se ofreció a prepararnos un ceviche, nos dijo “No os podéis ir de Montañita sin probar mi ceviche, así que mañana me acompañas al mercado a comprar y lo cocinamos”. Negarse era una locura y además, ¡qué coño! qué mejor manera de despedirnos de Montañita que con un buen ceviche preparado especialmente para nosotros. El ceviche, sobra decirlo, estaba delicioso, pero eso ya es otro vídeo.
Julio y Juan Carlos, ecuatoriano y peruano, coctelero y cocinero, buenos amigos que dejamos en Montañita. Quien sabe, quizá volvamos a vernos y creemos el cóctel MUNDOCROQUETA’GIN.











La que teníais que haber aprendido es a hacer los mojitos…. es una asignatura obligatoria para el master en Hamaqueros que estoy seguro alguno de vosotros desea aprobar fervientemente.