Cosas de la selva
Todos conocemos la selva. Películas divulgativas como las de Tarzán nos la han mostrado con todo lujo de detalles. Mosquitos, vegetación y animales homicidas por doquier. La realidad es un poco diferente, por lo menos en la selva que rodea Limoncocha.
Mosquitos. Cierto. Los hay a cualquier hora del día y de la noche, pero al atardecer, hordas de ellos lo invaden todo, incluida la superficie de la laguna que preside el lugar. Al principio te aterroriza tener que convivir tres días con semejante séquito, pero enseguida te acostumbras y casi ni los notas. Claro, que para ello te tienes que proveer de un repelente atómico, como el que llevábamos nosotros, tan atómico que además de ahuyentar a los mosquitos casi nos mata a nosotros, presas de tremendos ataques de tos, de babas y de mocos cada vez que nos lo rociábamos.
Vegetación. Cierto. Cuando te introduces en sus tripas el verde te rodea por todas partes. Tan tupida es que no te mojas manque llueva gracias al paraguas natural que los amables arbolitos tejen sobre tu cabeza. Arbolitos que pueden llegar a ser enormes, tan enormes que no sería mala idea montar un McDonalds en la base de alguno de ellos. Por aquí andan cortos de restaurantes. Luego están los que utilizan los indígenas para cocinar, para curarse, para pintarse la cara, aunque nosotros no atendíamos mucho a las explicaciones del guía, impacientes por emular a nuestros héroes selváticos de juventud a lomos de una buena liana. Y por fin llegó el momento. Encontramos la liana adecuada y, después de algunos consejos básicos, nos dispusimos a sobrevolar la jungla a vista de Chita. El hecho de que no consiguiéramos desplazarnos más de cuatro metros en cada salto, más por nuestra incapacidad que por el mal funcionamiento de la liana, no impidió que nos sintiéramos en plena comunión con la naturaleza. Y si no lo creéis mirad la foto de abajo. ¿Dónde está Wally?
Animales homicidas. Cierto a medias. Haberlos haylos, al menos eso nos dijeron. Que los veas es otra historia. De anacondas ni rastro. Osos perezosos y otros mamíferos varios sólo los divisamos muertos, víctimas del dueño de las cabañas donde nos alojábamos, cazador consumado con traje de camuflaje incluido. Los monos son tímidos, así que sólo los ves saltando de árbol en árbol mientras huyen de ti. A las pirañas las conoces si las pescas, pero eso ya es otra historia. Los caimanes, de hasta siete metros, salen a cazar por la noches, así que si te quieres acercar te toca agenciarte una canoa y salir con linternas a recorrer la ribera de la laguna. Y aunque tú lo que buscas son caimanes, mucho más espectaculares son las luciérnagas que pueblan la vegetación acuática. Ciento, miles, millones, ¿qué viene después de millones? Tantas, tantas, que parece que la navidad ha llegado a la selva. Y así, con las ramas engalanadas, tres caimanes, cual reyes magos, salieron a saludar el paso de nuestra canoa.
Lo que sobra son aves. Aves de todos los colores, chillones, inverosímiles, como si la evolución se hubiera vuelto majareta y hubiera empezado a repartir brochazos a diestro y siniestro. La más abundante, una especie de pavo arbóreo que no para de graznar y que basa su éxito evolutivo en ser pestoso de cojones. Nadie tiene los pocos escrúpulos de comérselo.
Aunque lo que más de cerca vimos, y sufrimos, fueron las termitas. Miles de ellas decidieron que mi mochila era el lugar ideal para construir una casita y se pusieron manos a la obra. Cuando me di cuenta la pobre bolsa yacía medio enterrada, en una esquina de la cabaña, cubierta de tierra y termitas afanadas en su labor. Las ansias asesinas superaban al asco a la hora de aplastarlas con las manos, expulsándolas de mi mochila presa de un instinto genocida irrefrenable. Acabé exhausto después de la fumigación manual, con el cuerpo pegajoso, lleno de restos de cadáveres termitescos. Menos mal que por lo menos sirven de repelente de mosquitos. Cosas de la selva.












Ese estilo Agudo !!!!
Los peores animales homicidas son aquellos que precisamente no se ven …
Buen estilo el de cambicio saltando con la liana¡¡
Oh!.. ¡Qué envidia!. Eso es el sueño de todo chaval que no ha nacido pegado a una playstation!!!.
Pero, te pegaste la hostia o no ?
Relec?
Nada de Relec. Eso era mucho peor. Veneno.
jajajjajjajajajaajjaa
me he reido mucho con tu relato!!