En busca de la Ciudad Perdida
Papa Croqueta dijo que basta ya, que ya he tenido suficiente, que no me apetece hacer otro trekking de más de dos días, que en los últimos cinco meses he estado más tiempo andando por el monte que en el mar disfrutando de las olas, que no quiero, que no insistas, que me voy a la Guajira, que te vayas tú a la ciudad Perdida.
Sin pensarlo dos veces me dije pues claro que sí, que yo soy más joven y aún tengo energía para hacer otro trekking, que me apetece, que no insistas, que te vayas a la Guajira, que yo me voy en busca de la ciudad Perdida.
Me puse mis botas remendadas, mis peores vestimentas, me embadurné de anti-mosquitos y empecé junto a mis amigas croquetillas una expedición de cinco días por la exuberante Sierra Nevada de Santa Marta que, entre su tupida vegetación, esconde la Ciudad Perdida.
Lo que más recuerdo es el barro, los primeros días vas con cuidado de no ensuciarte demasiado pero poco a poco el barro se va mostrando en toda su plenitud, tal y como es, guarro. Así que poco a poco tu también te vas dejando llevar y acabas como tenías que acabar, con barro hasta las cejas.
Lo que más recuerdo es la lluvia, lluvia que cae cada tarde sin olvidarse ni un día, lluvias tan intensas que asustan, lluvias que hacen que los ríos suban de nivel a lo bestia en cuestión de minutos.
Lo que más recuerdo son los militares, militares por todas partes vestidos de camuflaje, con chalecos antibalas y metralletas en busca de la seguridad de los turistas se adentran en esta selva, hasta hace pocos años, dominada por los paramilitares.
Lo que más recuerdo son los ríos, los hay grandes, pequeños, con poca corriente, con mucha, algunos los puedes cruzar solo, otros debes cruzarlos en grupo para poder vencer la corriente.
Lo que más recuerdo es el sudor, el sudor que se pega a tu cuerpo el primer día y no se despega hasta el último, el sudor que por suerte nos acompaña a todos por igual y te hace sentir un poco menos guarro.
Lo que más recuerdo son los mosquitos, mosquitos que se ensañan con unos más que con otros, millones de mosquitos que se alegran al vernos pasar, mosquitos que ven en los turistas carne fresca.
Lo que más recuerdo es la ciudad Perdida, una ciudad que fue abandonada por los Tayrona en época de la colonización, una ciudad a tres días de camino de la civilización, una ciudad que conserva todo su misterio escondida entre árboles y cascadas, un ciudad a la que llegan muy pocos turistas y se puede disfrutar en un silencio que la hace aún más misteriosa, la ciudad Perdida.











Joé … barro, lluvia, militares, sudor, millones de mosquitos … y por qué me quedo con la frase “una ciudad que conserva todo su misterio” ?
Será porque muy pocos consiguen llegar a ella …
mamá croqueta … el placer es tuyo
Endevant així es fa amb força i corratge-
[...] y la lluvia amenazaban con caerme encima, así que supuse que Mamá Croqueta se había perdido buscando la Ciudad Perdida y pensé que no era esa razón para perderme yo el Tayrona, así que vestí mi mochila y me dispuse [...]