Nevado del Ruiz
Tras meses de viaje y a base de caminatas por todos los Andes habidos y por haber, Mamá y Papá croquetas ya tienen el grado de croquesherpas. Caminar en altura es apenas un juego para ellos, y no les produce el cosquilleo de la novedad, de nuevos retos, de llegar a donde antes no habían llegado. Con esas premisas, les dejamos el día libre para que descansaran un poco, estresados después de más de dos semanas de “frenesí” turístico, mientras nosotros hacíamos el croquebautismo de altura.
En el Parque Nacional Natural Los Nevados se encuentra el volcán Nevado del Ruiz (5300 m.s.n.m.), tristemente famoso por las más de 20000 personas fallecidas en su última erupción. Le llaman “El León Durmiente”, y así había estado durante 140 años hasta que en 1985 decidió despertarse, fundir la nieve que tenía a mano, enviar una riada de fango desde los 5000 metros de unos de sus conos y copar los informativos de todo el mundo. Aunque para algunos eso sucedió hace mucho, es poco tiempo para las siestas que suele echarse Kumanday, como se le conocía en tiempos precolombinos. Así que decidimos que un paseo por sus barbas sólo tenía el riesgo del soroche: dolor de cabeza, mareos y vómitos.
Una carretera sale de Manizales a poco más de 2000 metros, y poco a poco se acerca a las nubes. Aunque ese paseo te puede llevar hasta Bogotá, nosotros nos desviamos un poco antes para acercarnos a la entrada del parque, a unos 4000 metros. Allí se nos une una guía que aprovecha las paradas de aclimatación para soltarnos datos y diatriabas medioambientales que harían las delicias de cualquier ecoradical. Por fin llegamos al refugio, a 4800 metros, sin haber caminado mas que para salir del coche y volver a entrar. Hasta ese momento hemos pasado por diversidad de ecosistemas: bosque, selva altoandina, páramo, puestos ambulantes de venta de souvenirs, paisaje lunar… Ahora hay que mover las piernas.
Sólo es una hora de subida, pero empinada y a 5000 metros no sabemos cómo carburará el cuerpo. A poco para llegar a 4900 una croquetilla ha de darse la vuelta víctima de las nauseas. Apenas empezar lo había hecho un padre con su niña de 6 años; vestida con una camisita de Hello Kitty y aguantando la tiritera es lo mejor que le podría pasar. Casi sin darnos cuenta llegamos a la nieve. 5125 metros, cartel y foto para demostrarlo. Menos cansado de lo que imaginaba y sin dolor de cabeza puedo disfrutar de las vistas: vastas, solitarias, grises, melancólicas y un punto sobrecogedoras recordando que en este punto se juntaron los infiernos de Fuego y Hielo.
Croqueta invitada (por segunda vez): Alberto Merino “Macri”. Podéis seguir sus pasos en su twitter. Amenaza con más.







































