¡Al mono!
Cahuita es tierra de playas y de primates. También es tierra de rastafaris drogados subidos a los árboles, pero, como eso es muy común y se puede ver en cualquier parte, no hablaremos de ello.
En el parque del mismo nombre puedes encontrarlos, primates y playas, a unos precios muy asequibles. Básicamente porque para entrar te piden la voluntad, y como nuestra voluntad es escasa, pues sale barato. Hay poca gente, por lo menos había poca gente cuando fuimos nosotros, y eso te permite disfrutar de alguna de sus pequeñas playas caribeñas en total soledad. Aunque aquí, el concepto de soledad, es un poco relativo. Luego volvemos.
Si te molan los monos puedes pasar un buen rato intentando descubrirlos. El mono aullador es un mono con delirios de grandeza. Aúlla como un gorila cuando en realidad es así de pequeño. Además se esconde en las copas de los árboles y huye como el viento en cuanto te ve, supongo que para preservar así su mascarada, ¡el muy farsante! El oso perezoso aún es más difícil de ver ya que se cree un vegetal y como tal actúa, moviéndose lo menos posible. Cuando lo hace, lo de moverse, su velocidad es tan absurda que parece claro que los esfuerzos que realiza para ir tan lento son muy superiores a los que haría si se desplazara como las personas. Claro que un oso perezoso no es una persona, puede que tampoco un mono, el nombre me hace dudar, pero como he venido a hablar de mis monos y aquí no se habla de mis monos, mono se queda.
Volvamos a la soledad de las playas, la relativa soledad de las playas. Puedes disfrutar horas en el agua siendo el único humano a la vista. Y como humano curioso te gustará observar, mientras estás en remojo, las cabriolas de los monos cariblancos, los más abundantes y descarados del parque. No se esconden, no te tienen miedo, te miran desafiantes. Son las estrellas del lugar, los que amenizan tu bañito con espectáculos circenses, los que son alimentados por los turistas con plátanos y galletas. ¡No le des de comer a los monos, melón! Pero a los monos ya les han dado de comer muchas veces, demasiadas como para que no sepan dónde llevas la comida, demasiadas como para que no sepan que si te estás bañando aún tardarás un ratito en salir del agua por mucha prisa que te des, demasiadas como para que no sepan que, entre cabriola y cabriola, te pueden joder tranquilamente la mochila y llevársela a la copa del árbol más alto a ver si hay algo comestible que zamparse.
Nosotros nos bañamos en una playa solitaria, relativamente solitaria. Nosotros, mientras nos bañábamos, vimos a los monos hacer monerías alrededor de nuestras mochilas. Nosotros nunca confesaríamos, jamás, antes la muerte, que fuimos robados por un macaco. Así que vamos a dejarlo en ni que sí ni que no y a seguir disfrutando del bañito.











Ho corroboro, aquests monos fins i tot, saben obrir les cremalleres de les motxilles.
[...] reivindicativo de la transición, que vaya parque nacional de chichinabo, que si ya estamos con los putos monos cariblancos que te intentan joder tus pertenencias en cuanto te descuidas, que si ya podría la policía [...]