¿Y si fuera eso?
Justo al final del camino está el final del camino. La mayoría de las veces es solo eso, el final del camino. Si el camino ha sido azaroso y sufrido, eso será lo que recuerdes. Si el final del camino es sufrido y azaroso, uno ya no sabe qué recordar.
Las Corn Islands las vivimos a pedazos. Los pedazos de claridad que las lluvias torrenciales tuvieron a bien regalarnos como propina por nuestro tortuoso periplo hasta allí. Así que las disfrutamos pero no las disfrutamos. Un poco si y un poco no.
Entre chaparrón y chaparrón pudimos conocer a la curiosa fauna de las islas. Un cangrejos gigantes a los que gustaba pasear de noche. Unos ermitaños aún más enormes que también eran aficionados a las excursiones nocturnas pero que eran más intrépidos y se te aventuraban pierna arriba mientras disfrutabas tranquilamente de una barbacoa en la playa, si los chaparrones permitían. Pero las más curiosas, y a la vez las más hijas de puta, eran unas hormigas carnívoras que, de los mordiscos que te infringían por todo el cuerpo, te hacían añorar a los mosquitos.
Entre chaparrón y chaparrón recibimos promesas de avistar cuevas llenas de tiburones y corales refugio de tortugas. Pero chaparrón tras chaparrón, las oportunidades se fueron esfumando lentamente, una tras otra, y eso que estuvimos allí una semana entera. Sólo pudimos intuir, en los leves intervalos de luz, las aguas turquesa donde nos esperaba, y sigue esperando, tan prestigiosa fauna.
Entre chaparrón y chaparrón mandamos a pescar el presupuesto y nos hincamos una langosta al ajillo que nos hizo olvidar los últimos cuarenta y cinco chaparrones.
Entre chaparrón y chaparrón, mientras pensábamos en saldar nuestras cuentas pendientes con el buceo, alguien nos habló del Divemaster, de lo bien que se está aprendiendo a bucear durante dos o tres meses, de lo bien que va tener la posibilidad de hacer del buceo tu profesión, de lo bien que se trabaja bajo el mar en lugar de en una oficina. Mamá Croqueta y yo nos miramos. Luego nos miramos de aquella manera. Cosas más gilipollas hemos hecho.










































