Huida hacia el fondo (1ª etapa)
Directos hacia el objetivo como siempre que nos ponemos cabezones. Una lancha, un carguero, otra lancha, un autobús y ya estamos en Managua. Parada técnica en la ciudad para resolver unos asuntos burocráticos.
Una vez cumplido el trámite, a esperar a que salga el transporte rumbo a Honduras. Para hacer tiempo nos dedicamos a las cosas a las que nos dedicamos cuando algún lugar es tan horrible que no merece nada más.
Lo primero, hacer la colada. Todo nuestro atuendo lleno de tierra, sal y barro, consecuencia de una semana en la isla caribeña. Después de buscar un rato y acabar dando con nuestros huesos en casa de una señora que te lavaba la ropa a mano, que era coja y que no tenía pinta de muy buena salud, optamos por la opción de la lavandería del hotel, que era más cara pero no practicaba la explotación laboral de tullidos.
Lo segundo, comprar libros de segunda mano. Hace meses que llevo conmigo un flamante eReader rellenito de libros que algunos amigos internautas tienen a bien compartir en la red, pero Mamá Croqueta se puso pesada, que yo quiero leer un libro en el bicho ese, que yo quiero leer un libro en el bicho ese, y como cuando Mamá Croqueta se pone pesada no hay quien se le resista, y como Mamá Croqueta se lee los libros a la velocidad que la señora tullida debe lavar la ropa, pues le compré cuatro libricos usados en formato papel a uno de esos libreros callejeros que tanto me gustan.
Lo tercero, cumplir el ritual de comer una rata en el McDonalds. Un país, una rata. Creía que me lo iba a saltar en Nicaragua pero, fíjate tu, marqué gol en el tiempo de descuento. De momento, los únicos países que han escapado a tan absurda tradición son Bolivia y Colombia. Aún me queda un resquemor en el cuerpo…
Lo inesperado. Cenar en casa de unas señoras que nos obsequiaron con una contundente tortilla de patatas. Bueno, no nos obsequiaron, que aquello era de pago. Por la tarde les preguntamos por una lavandería y, después de darnos una explicación que no entendimos ni tras tres tentativas, nos informaron de que en su casa hacían comidas y que su especialidad era una tortilla española riquísima. Era riquísima.
Cumplidos los trámites, hola Managua, adiós Managua, reemprendimos la marcha acelerada hacia los fondos marinos. Si es que cuando nos ponemos burros…
La ciudad es lo que es así que esta entrada no lleva foto.










Feliç aniversari
Croquefelicidades!
[...] de la mañana, estación de autobuses de Managua. Embarque y salida hacia la frontera. Llegada a la frontera. Paga. Señor agente, nos dijeron que [...]