Huida hacia el fondo (2ª etapa)
Seis de la mañana, estación de autobuses de Managua. Embarque y salida hacia la frontera. Llegada a la frontera. Paga. Señor agente, nos dijeron que entre Nicaragua y Honduras el visado era el mismo y no había que pagar. Paga. Pago. Señor cambista, me ha dicho que el cambio me lo hacía a uno coma tres. Uno coma tres es 1,3, no 1,03. ¿Cómo que usted ya lo calcula bien? Mejor hago tratos con su compañero de al lado que tiene cara de un poco menos pirata. El autobús sigue hasta Tegucigalpa. Cambio de terminal. Caminamos cinco calles hasta la nueva. Cinco calles feas, muy feas. El autobús hacia La Ceiba sale en dos horas. Tacos picantes en una taberna de mala muerte. Arranca el autobús. Parada en estación de servicio. Muy moderna, parece europea. Yo compro galletas y el resto del mundo compra sopa de fideos instantánea. Les tengo envidia. Llegada a La Ceiba de madrugada. El taxista nos pide un precio abusivo. Todos los taxistas nos piden un precio abusivo. Pagamos el precio abusivo, pero que sepa que es abusivo, no quedan más cojones. Parada técnica para pernoctar. De mañana, taxi hacia el puerto. El taxista, más vale que vayamos rápido que luego el ferry se llena y no pueden salir. Precio abusivo, pero que sepa que es abusivo. El ferry está medio vacío. Zarpa. La mitad de los que medio llenan el bote están mareados y vomitando. Contra todo pronóstico, yo aguanto. Un chico vende manzanas y unas frutas con pinchos. Llegamos a Utila, nuestro nuevo hogar mientras aprendemos a bucear. De pie en el muelle. Tengo miedo. Hordas de cazaturistas esperan con el colmillo afilado. Por supuesto, nos cazan.






































