Al agua patos
Primero ves un vídeo donde te explican las cosas como si fueras un niño pequeño. Luego lees un libro donde te explican las mismas cosas como si fueras un adolescente. Haces los deberes. Un instructor te explica otra vez lo que has visto en el vídeo infantil y leído en el libro adolescente. Haces un examen y lo apruebas con nota. Con tanto repetir lo mismo es pan comido.
Pues así cinco veces con los cinco temas de que consta el curso Open Water de buceo. Y todo eso sin poner un pie en el agua porque para mojarse ya hay suficiente con el clima perro que nos castiga.
Así vamos haciendo tiempo, entre estudiar tres veces las cosas, buscar los restaurantes más baratos, los mercados más baratos, la cerveza más barata. Llevamos un montón de años sin saber bucear, no nos vamos a poner nerviosos ahora por un par de días, o una semana, de mal tiempo.
Esperando, esperando, en vez de llegar el sol, lo que llega es un huracán. Nuestro amigo Richard, un nombre muy apropiado para un huracán, aterriza en las costas de Utila con vientos de más de cien quilómetros por hora y con unas olas así de altas.
Nuestro alojamiento está enfrente del mar pero gozamos de las medidas de seguridad apropiadas, es decir, la llave del tercer piso del hotel de enfrente, por si la cosa se pone fea. ¿Y cómo sabemos que la cosa se pone fea? Pues ustedes verán, cuando se ponga fea. Todo clarísimo.
Al primer soplido del amigo Richard Mamá Croqueta dice que ya, que nos vayamos al refugio que la cosa está fea feísima. Yo le digo que cómo nos vamos a ir, que de aquí no se ha movido nadie, que vamos a quedar como unos gallinas. Ella me dice que a tomar por culo el orgullo, que del terremoto de Chile nos salvamos por los pelos, no la vayamos a cagar ahora. Yo le digo que vale, que cuando huyan los primeros huimos nosotros, que por lo menos seamos los segundos más cobardes. Ella me dice que como se lo cuente a su padre me va a poner firme, que ya sé yo cómo se las gasta su familia paterna. Yo le digo que si me amenaza con eso si que me acojono, que por mucho menos han arruinado la vida a más de uno. Y así, entre ella me dice y yo le digo, Richard ya ha pasado de largo, pillándonos de refilón, con más pena que gloria.
Y nosotros, envalentonados, caminamos hacia el muelle donde el mar está ya en calma y le recriminamos a gritos. ¿Eso era todo? ¿Esa mierda de brisa? Vaya puta mierda de huracanes. Donde esté un buen terremoto…






































