Aguas condenadas
Al agua patos, que no a bucear. Antes tienes que pagar la penitencia de las aguas confinadas. Normalmente se hacen en una piscina pero aquí en Utila vas al muelle. Al muelle de la escuela. Allí, algún manitas ha instalado dos lonas en el fondo del mar, una a metro y medio de profundidad y otra a dos y medio. En ellas tienes que completar una serie de ejercicios para saber manejarte un poquito bajo el agua y demostrar que estás preparado para ir a bucear de verdad.
Los ejercicios parecen fáciles cuando los haces en la superficie, pero dentro del agua todo cambia. De repente, te encuentras con ocho novatos que parecen haber olvidado todo lo que se les ha explicado al aire libre y se mueven torpemente, como si no tuvieran control total sobre su cuerpo, como si de pronto se les hubieran dormido todas las articulaciones a la vez. Intentando controlar todo ese caos, los instructores y sus ayudantes se las ven y se las desean para poner orden en un conjunto de bolos que se tambalean y amenazan con desmoronarse de un momento al otro.
Las croquetas, sin embargo, mantuvimos la dignidad y nos comportamos bastante bien en el líquido elemento. Aunque la cosa tiene truco. Yo pasé toda mi infancia condenado, contra mi voluntad, a pasarme dos horas en remojo cada puto día de la semana, cada puto día, así que, más o menos, mi cuerpo ya estaba más que familiarizado con el mundo subacuático. Mejor aún fue lo de Mamá Croqueta, que, proviniendo como proviene de la familia de los túnidos rojos, estaba como atún en el agua. Los dos mirábamos divertidos como hombres hechos y derechos perdían toda coordinación locomotriz y se comportaban como esos niños cuyos cuellos aún no son capaces de aguantar sus cabezas.
Los ejercicios: vaciar la máscara de agua bajo el agua, quitársela y volvérsela a poner, en realidad quitarse y volverse a poner todo el equipo, hacer como que te quedas sin aire, intentar permanecer inmóvil en el agua sin mover un músculo, utilizando sólo los pulmones, ¡ja! Más de una hora en remojo en cada una de las dos sesiones de que constan las aguas condenadas. Así que, hacia el final de la clase, puedes añadir el tembleque como dificultad añadida, que hasta en el Caribe, después de un rato largo sumergido, se te congela hasta el coxis.
Y parece que después de esto ya llega lo de bucear. Creo. Porque está tardando la cosa, ¿no?







































