Como pez en la tierra
Si tienes la certificación Open Water Diver ya puedes ir a bucear a todos los rincones del mundo. Al menos eso es lo que dicen aunque la verdad, la cruda realidad, es que no tienes ni puta idea de bucear. Ni puta idea. Pero el negocio es el negocio, y, tras apenas cuatro días de curso, te lanzan a surcar los mares como si fueras un mero de toda la vida.
Claro que si te queda un poco de sentido común y reconoces que tus habilidades de sardinilla son más bien escasas, si tienes tiempo, si tienes dinero, puedes lanzarte al océano a conseguir el Advanced Open Water Diver, un nivel más en la saga de PADI que hace de ti un buceador un poco mejor y de ellos unos tipos un poco más ricos.
La cosa consiste en sumergirte en diferentes entornos practicando varias habilidades. Puedes escoger entre muchas. Nosotros escogimos las siguientes:
- Buceo profundo. Te llevan a treinta metros con la esperanza de que pilles un pelotazo con la narcosis del nitrógeno. Se ve que, como en una buena turca, te sientes eufórico, guapo, invencible. Subes un poquito y se te va, sin resaca ni nada, oigan. Como las croquetas somos duchas en torradas de todo tipo, nuestro cuerpo resistió el envite del nitrógeno que no se nos subió a la cabeza ni un poco así.
- Barco hundido. Vas a ver un barco hundido, lo ves y vuelves. Nada del otro mundo si el barco no es nada del otro mundo. En nuestro caso se trataba de un carguero como el que nos llevó de Bluefields a las Corn Islands. Como no fuera para reverdecer antiguas memorias porcinas, nada del otro mundo.
- Flotabilidad. Juegos diversos que te ayudan a mantener el control de tu cuerpo bajo el agua. Si le complicas los ejercicios a un monguer locomotriz como yo puede que acabes rescatándolo mientras está clavado en la arena, boca arriba, luchando por su vida.
- Navegación. Te dan un brújula y te hacen dibujar graciosas trayectorias bajo el agua. Luego, te despistan un ratito y te piden que encuentres el camino de vuelta al barco. Yo, que hasta con caminos me desencamino, imaginen en los caminos del mar, que no son caminos.
- Nocturno. El buceo estrella, el que todo el mundo ama, el que todo el mundo recomienda. No me gusta el buceo nocturno. Ni miaja. Ni pizca. Ni un pelo. Lo odio. Estoy en mi derecho, ¿qué pasa? Hay gente que no soporta el allioli, o a la que Scarlett Johansson le parece gorda, o a la que Dexter le parece una serie cojonuda. Tipos raros hay en todos sitios.
Y mientras, los buceadores esclavos lidiando con tus tanques, con tus equipos, con tus quejas, con los juguetes para los jueguecitos, con los buceadores que ya pueden ir a bucear a todos los rincones del mundo y que no tienen ni puta idea de bucear.
Nota: Dan Eran es nuestro fotógrafo croqueta en esta entrada.







































