La educación es lo primero
Me llamo Cambicio. Soy buceador de rescate. ¿Puedo ayudarte? Con esa absurda fórmula te tienes que presentar a un buceador en apuros, esté en pánico o no, esté consciente o no. Así que, mientras su vida corre peligro, los segundos corren en su contra enzarzados en tanta pompa.
Y es que PADI, la responsable del curso de buceo de rescate, es una empresa norteamericana y ya se sabe, en el centro del mundo le puedes meter un demanda a una compañía de las gordas y ganar una millonada, aunque solo sea porque utilizaste tu lector de cedés como posavasos y en las instrucciones del aparato no decía que mejor no lo utilizaras como posavasos, aunque solo sea porque metiste a tu gatito en el microondas y en las instrucciones del aparato no decía que mejor no metieras a tu gatito en el microondas, aunque solo sea porque ayudaste a un pobre tipo que las estaba pasando canutas sin que él te diera permiso para hacerlo. Así que ya sabes, antes de ayudar pregunta, no sea que, sin comerlo ni beberlo, te veas como un delincuente cualquiera en el banquillo de los acusados.
Protocolo aparte, el curso trata de ensayar varios escenarios en que un buceador puede necesitar ayuda, ya sea aquejado de un calambre o de un yuyu de proporciones cataclísmicas. Normalmente, uno de los esclavos rana simula ser la víctima y tu tienes que rescatarlo, pero como las croquetas éramos dos y no se nos veía muy sueltas, no quisieron arriesgar la vida de ninguno de sus lacayos y nos hicieron practicar los ejercicios el uno con el otro.
El resultado, Mamá Croqueta me las hizo pagar todas juntas. Todas las veces que me reí de ella en privado, todas las veces que me reí de ella en público, todas la veces que me reí de ella a solas, todas las veces que me reí de ella en la red, todas esas veces, se transformaron en agua salada dentro de mis pulmones. Para dar la respiración de emergencia no hace falta meter la cabeza de la víctima en el agua, gritaba desesperado el instructor, pero ella, eso, ya lo sabía, el brillo de venganza que lucían sus ojos decía que ella, eso, ya lo sabía.
Finalmente acabamos el curso, Mamá Croqueta sobrada, yo por los pelos. Ya somos buceadores de rescate. Si un día te encuentras en apuros y ves que una croqueta, antes de socorrerte, te pide permiso muy educadamente, dale un hostión en el hocico y dile que se deje de chorradas y espabile, que no tienes el chocho pa farolillos.







































