Trabajar pagando
Vale, lo reconozco, soy muy malo para el suspense. Ya todo el mundo adivinó que, tarde o temprano, acabaríamos convertidos en esclavos rana. Y así acabamos.
En realidad nosotros nos apuntamos a un curso llamado Divemaster, primer curso profesional de la organización sacacuartos PADI, que te permite, a su finalización, ejercer como guía de buceo además de impartir algunos programas dirigidos a buceadores certificados. Joder, esta última frase me ha salido como sacada de un manual.
Hasta llegar a ese punto, el curioso método de aprendizaje te empuja a ser poco menos que la putita de los instructores, los que de verdad cortan el bacalao. Preparas el equipo de los alumnos, los llevas de la manita bajo y sobre el agua, les haces de conejillo de indias y, al final, después de toda la actividad, recoges los bártulos de la tropa, no meéis en los wetsuits por el amor de dios, ¡no meéis en los wetsuits hijos de la gran puta!; y los dejas tal como te ha gustado encontrarlos.
Hasta aquí la cosa es normal. Te lo explican al principio y tu lo aceptas o no. Pringando es como se aprende, te dicen, además están en lo cierto. Lo que no te explican es que todo el mundo te va a tratar como si fueras su asistente personal. Vete a limpiar la lona que hay debajo del mar, hay una lona debajo del mar, os lo juro, que siempre está hecha unos zorros; ve a buscar a su habitación a ese alumno que no llega, vete a hacer fotocopias, acompaña a estos señores a su hotel que a mi andar me da palo, enciende todas las linternas del buceo nocturno a ver si funcionan, ráscame en la espalda que no me llego, quítame ese moquito de la nariz que me molesta. Claro que, como en todos sitios, hay grados. Los hay que se cortan y piden cosas razonables, los hay que piden cosas razonables dando órdenes como si se dirigieran a un recluta patoso, los hay que se aprovechan y alguno incluso se cree la reina de Inglaterra. Tu suerte depende de con quien te toque currar.
En resumidas cuentas, pagas un pastón por inflarte a trabajar. Así somos las croquetas, huimos de Europa alérgicos al trabajo y ahora pagamos por pringar. ¿Hay quien lo entienda? Yo no.
Pero ya sabéis que exageramos, que nos gusta fustigarnos, que no todo es tan horrible, que muchas veces lo que pintamos malo es muy bueno y lo maquillamos solo para que no tengáis tanta envidia cochina, croquetillas, que os hemos cogido cariño.
El cuento acabó bien. Después de dos meses pagando por trabajar conseguimos que nos dejaran trabajar cobrando. ¡Cobrando por bucear! Es tan absurdo que aún no lo creemos. ¡Sí pagaríamos por hacerlo! Pero no lo vayáis repitiendo por ahí, no sea que llegue a oídos de mis jefes y nos cierren el grifo. Aunque la verdad es que nos queda un pequeño sabor amargo en la boca y es que siendo divemaster aún no gozas del rango necesario para putear a los aspirantes a divemaster. Para eso necesitas ser instructor. Todo llegará.







































