Octubre 14, 2011
Llegamos. Algunos ya estaban. Otros llegaron más tarde. Llegaron y se fueron. Incluso los más indecisos llegaron y se fueron, llegaron y se fueron.
Llegamos y ellos llegaban, llegaban y se iban. Y nosotros nos quedábamos, brindábamos, prometíamos, abrazábamos, besábamos, mentíamos. Y nos quedábamos. Pedíamos otra cerveza y nos quedábamos. Nos despedíamos una noche y otra noche, de esta parte siempre nosotros, de la de los que agitan los pañuelos y se quedan, y piden otra cerveza, otra cerveza en la barra donde nos despedíamos y nos quedábamos y pedíamos otra cerveza.
Casi un año de quedarnos y despedirnos, y de pedir otra cerveza, y de repente te sigues despidiendo pero ya no pides otra cerveza porque ahora te vas, brindas, prometes, abrazas, besas, mientes, te vas. Y los pañuelos ondean ahora por ti, que no te quedas, que te vas, que no vas a pedir otra cerveza, por lo menos otra de esas cervezas de las de la barra de los que se quedan.
Te vas. Algunos que estaban se quedan. Otros que llegaron más tarde se quedan. Después de tanto quedarte te vas, ya no te quedas más. Ya no pides otra cerveza en la barra donde nos despedíamos. Te vas. Es raro.
Te vas, pero un poco también te quedas.








Powered by Twitter Tools
