México croqueta

Lo más difícil en México es no entablar conversación con un mexicano. A la más mínima, con que los mires por el rabillo del ojo, con que pases a menos de medio metro suyo, se lanzan al ataque todos con la misma pregunta, ¿de dónde eres? Después de sorprenderse de que no sea alemán ya está abierta la veda para explicar vida y milagros, recomendar lugares interesantes y confesar un sinfín de opiniones, hasta las más inconfesables. Sin poderte resistir debes admitir que, junto con los colombianos, los mexicanos son los más hospitalarios con los que nos hemos tropezado en este viaje. Es curioso, los dos países designados como más peligrosos por nuestras mamás han resultado ser los que mejor tratan a las croquetas.
Viniendo de Centroamérica se te abre el horizonte al llegar allí, no solo por lo acogedor de la gente, que también, sino por la comida y la cerveza, y es que llegas del desierto.
La comida mexicana tiene amantes y detractores. Yo soy un amante. Mamá Croqueta es detractora. Sea como sea, no se puede negar que es mucho más rica y variada que cualquier cosa que puedas encontrar de Perú para arriba, y nosotros llevábamos más de un año y medio de Perú para arriba. Claro que tiene sus peligros. Y es que si quieres ser más mexicano que los mexicanos y en realidad eres un triste gringo, puede ser que el picante te lleve a la ruina. Cuidadín.
Cervezas. Claras, oscuras, suaves, fuertes. Mil tipos diferentes cuando estás acostumbrado a pocas y malas hacen que te encuentres mejor que en el paraíso de los los mártires musulmanes, donde les esperan setenta y dos vírgenes por cápita, que uno no sabe que hacer con una imagínate con setenta y dos. Nuestra favorita, hablamos de cervezas, no de vírgenes, es la Bohemia oscura, que puede que no sea la tuya, pero no te preocupes, encontrarás una que se te adapte por muy fino que tengas el hocico.
Sobre lo que allí se ve, pues no sé. Ya nos es difícil decidir si una cosa es buena, mala o regular, hemos visto demasiadas en demasiado poco tiempo y estamos obnubilados por la sobrecarga de imágenes. Así que si eso preguntas a algún amigo, todo el mundo conoce a alguien que ha ido a México; seguro que su opinión será más cabal que la nuestra.
A nosotros, como resumen, sólo nos queda gritar lo más descriptivo que se nos ocurre. ¡Viva México, cabrones!






































