Julio 29, 2010

Gran Premio de Ecuador

Limoncocha

El centro de la comunidad de Limoncocha es la cancha de voley. Cada tarde se congregan allá pequeños, jóvenes y adultos, niños, niñas y animales de compañía, a echar unas partiditas, tres contra tres, con unas cervezas o unos dólares en juego. Seis juegan y el resto miran, o charlan, o beben. El pueblo es la cancha, fuera de ella no hay pueblo.

Todas las virtudes y carencias humanas se resumen en aquella pista, donde cada cual juega como lo que es, el tramposo, el sobrado, el noble, el cachondo, el figura, la vieja gloria, el quiero y no puedo, el la culpa es tuya. Incluso aparece el Cristiano Ronaldo local, con un peinado imposible, planta altanera y todas la jovencitas del pueblo suspirando por él.

Poco a poco va llegando más gente. Camiones cargados de obreros arriban desde la vecina factoría petrolera, donde trabaja la gran mayoría de lugareños. Se adecentan un poco en sus casas, para aparecer en el ombligo del mundo hay que ir de punta en blanco, y acuden raudos al ruedo en sus motocicletas último modelo. Porque lo que más llama la atención en Limoncocha es la densidad de motos por habitante. Todo el mundo, salvo mujeres y niños, claro está, tiene la suya, todas nuevas, todas radiantes. Eso en un pueblo en medio de la selva, en un pueblo de un país donde ni mucho menos abundan las motos. Expediente X al canto.

Charlando, charlando, las cervezas unen a las gentes, nos empezaron a contar sobre su vida, que si allí muchos son maestros porque hay una escuelita de maestros muy buena, que si en la escuela ya tienen quince computadoras aunque poco pueden enseñar a los alumnos porque saben mucho más que ellos, que si la explotación petrolífera va a acabar cargándose la selva, que si hace unos meses hubo un escape de petróleo y la compañía, como compensación y para tenerlos contentos, les va a regalar una casa y cinco mil dólares a cada uno. ¡Alto ahí! ¡Para la cinta! ¿Escape de petróleo? ¿Compensaciones? ¿Motos? A que va a ser que las motos son otro regalito para callar bocas. ¡Qué listillos estos jerifaltes del crudo!

Anochece y todo el mundo se va a casa pero nosotros, más nuestro guía, más el dueño de las cabañas, más uno que pasaba por allí, abierto el apetito de cerveza, hacemos una ronda por los bares del pueblo. Bares que son cabañas, algunos sin sillas ni mesas, pero con una nevera siempre cargadita de birras. Ser los únicos clientes no nos amedrenta y hacemos la ruta completa, a cerveza por garito, repartiendo la riqueza entre los cuatro que hay.

Es hora de volver a casa y un poco alcoholizados sí que estamos. Pero aquí la máxima de si bebes no conduzcas no se lleva, claro que nosotros no vamos a conducir un coche, vamos en canoa. Claro que todo está oscuro y apenas vemos con nuestras linternitas del Decathlon. Claro que el río es ancho y hay poco tráfico. Claro que más vale que no tengas un accidente porque el agua está plagada de pirañas y caimanes. Lo tenemos claro.

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Julio 28, 2010

Piraña a la hoja

Os presentamos una nueva receta de cocina, esta vez piraña a la hoja (o depredando al depredador).

Piraña a la hoja from mundocroqueta on Vimeo.

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Julio 27, 2010

Cosas de la selva

Reserva biológica de Limoncocha

Todos conocemos la selva. Películas divulgativas como las de Tarzán nos la han mostrado con todo lujo de detalles. Mosquitos, vegetación y animales homicidas por doquier. La realidad es un poco diferente, por lo menos en la selva que rodea Limoncocha.

Mosquitos. Cierto. Los hay a cualquier hora del día y de la noche, pero al atardecer, hordas de ellos lo invaden todo, incluida la superficie de la laguna que preside el lugar. Al principio te aterroriza tener que convivir tres días con semejante séquito, pero enseguida te acostumbras y casi ni los notas. Claro, que para ello te tienes que proveer de un repelente atómico, como el que llevábamos nosotros, tan atómico que además de ahuyentar a los mosquitos casi nos mata a nosotros, presas de tremendos ataques de tos, de babas y de mocos cada vez que nos lo rociábamos.

Vegetación. Cierto. Cuando te introduces en sus tripas el verde te rodea por todas partes. Tan tupida es que no te mojas manque llueva gracias al paraguas natural que los amables arbolitos tejen sobre tu cabeza. Arbolitos que pueden llegar a ser enormes, tan enormes que no sería mala idea montar un McDonalds en la base de alguno de ellos. Por aquí andan cortos de restaurantes. Luego están los que utilizan los indígenas para cocinar, para curarse, para pintarse la cara, aunque nosotros no atendíamos mucho a las explicaciones del guía, impacientes por emular a nuestros héroes selváticos de juventud a lomos de una buena liana. Y por fin llegó el momento. Encontramos la liana adecuada y, después de algunos consejos básicos, nos dispusimos a sobrevolar la jungla a vista de Chita. El hecho de que no consiguiéramos desplazarnos más de cuatro metros en cada salto, más por nuestra incapacidad que por el mal funcionamiento de la liana, no impidió que nos sintiéramos en plena comunión con la naturaleza. Y si no lo creéis mirad la foto de abajo. ¿Dónde está Wally?

Reserva biológica de Limoncocha

Animales homicidas. Cierto a medias. Haberlos haylos, al menos eso nos dijeron. Que los veas es otra historia. De anacondas ni rastro. Osos perezosos y otros mamíferos varios sólo los divisamos muertos, víctimas del dueño de las cabañas donde nos alojábamos, cazador consumado con traje de camuflaje incluido. Los monos son tímidos, así que sólo los ves saltando de árbol en árbol mientras huyen de ti. A las pirañas las conoces si las pescas, pero eso ya es otra historia. Los caimanes, de hasta siete metros, salen a cazar por la noches, así que si te quieres acercar te toca agenciarte una canoa y salir con linternas a recorrer la ribera de la laguna. Y aunque tú lo que buscas son caimanes, mucho más espectaculares son las luciérnagas que pueblan la vegetación acuática. Ciento, miles, millones, ¿qué viene después de millones? Tantas, tantas, que parece que la navidad ha llegado a la selva. Y así, con las ramas engalanadas, tres caimanes, cual reyes magos, salieron a saludar el paso de nuestra canoa.

Lo que sobra son aves. Aves de todos los colores, chillones, inverosímiles, como si la evolución se hubiera vuelto majareta y hubiera empezado a repartir brochazos a diestro y siniestro. La más abundante, una especie de pavo arbóreo que no para de graznar y que basa su éxito evolutivo en ser pestoso de cojones. Nadie tiene los pocos escrúpulos de comérselo.

Aunque lo que más de cerca vimos, y sufrimos, fueron las termitas. Miles de ellas decidieron que mi mochila era el lugar ideal para construir una casita y se pusieron manos a la obra. Cuando me di cuenta la pobre bolsa yacía medio enterrada, en una esquina de la cabaña, cubierta de tierra y termitas afanadas en su labor. Las ansias asesinas superaban al asco a la hora de aplastarlas con las manos, expulsándolas de mi mochila presa de un instinto genocida irrefrenable. Acabé exhausto después de la fumigación manual, con el cuerpo pegajoso, lleno de restos de cadáveres termitescos. Menos mal que por lo menos sirven de repelente de mosquitos. Cosas de la selva.

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Julio 22, 2010

Pa chulo, chulo…

Ruta de las cascadas en Baños

¡Venid aquí, croquetillas! ¿No sois tan valientes? ¡Pues venid aquí! Y nosotros, que a gilipollas no nos gana nadie, para allá que nos fuimos. Los cantos de sirena provenían del Tungurahua, volcán activo, pero activo activo. De hecho hace un mes explotó a lo bestia y vistió todos los pueblos aledaños de cenizas. De hecho se organizan excursiones nocturnas para ver los resplandores de lava que vomita cada poco. De hecho aún tiembla el suelo de vez en cuando debido a algún pedo del amigo. Él nos llama y nosotros, siempre dispuestos a sembrar catástrofes naturales allí donde pisemos, acudimos raudos a su desafío.

La cita era en Baños, uno de los pueblos cercanos, amenazados constantemente por el monte abusón. Llegamos dispuestos a liarla gorda, como nos corresponde, pero al gigantón le entró la vergüenza y decidió quedarse agazapado tras sus nubes, como haciéndonos esperar, como jugando con nosotros y con nuestros superpoderes.

Mientras aguardábamos el duelo al amanecer, volcán croquetas, croquetas volcán, entretuvimos los días con actividades relajantes, como pasear en bici por la Ruta de las Cascadas, tranquilos que todo es bajada, decían los lugareños cabrones, como pasear por el monte, tranquilos que sólo son tres horas, decían los lugareños cabrones, como hacer excursiones nocturnas al mirador para ver la lava derramarse montaña abajo, tranquilos que casi cada noche se ve, decían los lugareños cabrones, y como tomar baños de vapor, sobretodo tomar baños de vapor, unos baños que te hacen reconciliarte, cada mañana, con los lugareños cabrones.

La cosa va así. Te meten en una caja de madera de la que sólo sobresale tu cabeza. Ahí enchufan el gas y te dejan un rato cociéndote a fuego lento. Cuando empiezas a pensar que de un momento a otro va a caer la guillotina, viene el maestro de ceremonias, te saca del sepulcro y te frota con una toalla empapada en agua fría. Tras repetir tres veces la operación, cocción, restregado, cocción, restregado, de repente te sorprende y en vez de restregado te zambulle en un piscina de agua helada donde te tiene sufriendo unos minutos. Cuando tu insultos comienzan a mentarle a la madre, entiende que ya ha habido suficiente y te mete de nuevo en el horno. Para finalizar, al mas puro estilo Acorralado, te rocía con una manguera a presión, agua congelada, por supuesto, hasta que en tu cara se dibuja un para o sacrifícame ya, por el amor de dios. Una vez vestido y a pesar del sufrimiento, te notas hecho un chaval, con el cuerpo en forma y la mente dispuesta a empezar a odiar desde cero, y eso, para un tipo como yo, que siempre me duele aquí, es mucho decir. Así que te apuntas de nuevo a la sesión de tortura matinal, con alegría y buen humor, porque sabes que de allí saldrás hecho un pincel. ¿Alguien conoce lugares así en Barcelona? A precios razonables, por favor.

Bueno, que me he ido por las ramas. Decía que nosotros haciendo tiempo y el volcán detrás de su nube, haciéndose el loco. Esperamos tres días y basta, que se vaya a tomarle el pelo a su puta madre, que a nosotros nos queda mucho mundo por recorrer y muchas catástrofes que desatar. Así que nos fuimos sin daños materiales ni, por supuesto, personales. Mientras nos alejábamos de Baños comprendimos que lo del volcán no era timidez, sino puro y simple canguelo. Canguelo de quedar completamente destruido por la explosión inducida por dos gafes de campeonato como nosotros. ¿Así que los volcanes también tienen su corazoncito? Pues que se lo piensen bien antes de hacernos perder el tiempo, pedazo de buñuelos, que somos dos croquetas muy ocupadas.

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Julio 18, 2010

La cima del mundo

Chimborazo

Mamá croqueta estaba con fiebre, así que acometí en solitario el, por ahora, reto más descomunal del viaje, acercarme a la cima de la montaña más alta de la Tierra, el Chimborazo.

Para llega a la base tomé un bus de línea que te dejaba en la caseta de entrada, a una hora a pie del primer refugio y a dos del segundo, mi objetivo. Pero parece que mis fuentes estaban equivocadas. El guarda de la entrada me dijo que caminando hasta el primer refugio tardaría ¡tres horas! Sumas la hora adicional hasta el segundo y la bajada y ya la tenemos liada, no me daba tiempo de hacerlo antes de que se hiciera de noche.

Por suerte había por allí un grupo de franceses que tenían las mismas intenciones que yo pero con una diferencia, hasta el primer refugio subían en furgoneta. Decidí que me haría el simpático a ver si colaba y me subían. No sólo me subieron sino que también me devolvieron a Riobamba previo pago de diez dólares bajo mano al guía de los gabachos. Mejor eso que volverse a la ciudad con el rabo entre las piernas.

Llegamos al primer refugio y empezamos a caminar, pero pronto los franchutes me dejaron atrás mientras yo me detenía a contemplar todo aquello, casi con un mimo reverencial. Soy un amante de los cementerios, me encantan, por eso me quedé embobado recorriendo las lápidas que, a los lados del camino, recordaban a los alpinistas muertos en su intento de escalar la montaña. Creo que los cuerpos no descansaban allí, que sólo eran recordatorios de las vidas despeñadas en el intento de hollar la cima del mundo, pero a 4.900 metros de altura, en el cementerio más alto que he visitado, me pasé un buen rato rindiendo culto a esos locos montañeros. No puedo decir que el del Chimborazo sea mi cementerio favorito, pero está entre los cinco mejores sin duda.

Superado el momento místico, seguí caminando hasta el segundo refugio y un poco más allá, pisando nieve y hielo hasta llegar a una arista desde donde se podía divisar, si se dejaba, la cima del volcán. Estuve allí sentado unos veinte minutos esperando a que asomara el hocico entre las nubes y finalmente, en el minuto diecinueve, consintió en aparecer unos segundos fisgándome entre los pliegues de su cortina blanca. Perdona Chimbo, pero no te voy a escalar, no tengo ni el equipo ni los cojones adecuados, así que permíteme que me limite a observarte desde aquí, a 5.300 metros de altura, y a soñar que algún día podré pisar tu cima, la más mítica, la más alta de la Tierra. ¡Maricón! – me dijo indignada – y se escondió de nuevo para no volver jamás.

De vuelta, rodeado de franceses que me miraban con recelo después de mi arrebato ritual en el cementerio, iba dándole vueltas a la cosa de escalar la montaña, pero seguía sin encontrar los cojones necesarios, aunque la montaña más alta de la Tierra fuese mucho más accesibles que miles de montañas mucho más bajas. A ver si cuando sea joven… Y ya sé que muchos de ustedes me dirán que es mentira, que el Chimborazo no es la montaña más alta de la Tierra, pero yo les contesto que sí, que es la más alejada del centro de la Tierra, y que si en las elecciones todos los partidos políticos ganan, haciendo a menudo lecturas inverosímiles de los resultados, por qué no voy a poder sostener, y con razón, que he estado a mil metros de la cima de la montaña más alta de la Tierra, la más alejada del centro de la Tierra.

NOTA: La foto no es de la cima del Chimborazo, es de una cercana. Recordad que las habilidades de Cambicio como fotógrafo dejan mucho que desear.

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