Noviembre 1, 2011

Souvenirs: Los primos

Souvenirs: Los primos

- Este martes quedamos en mi casa, yo pongo la cena y ustedes ponen las bebidas.
- No man, el martes pasado ya quedamos en mi casa, este en la de Mariano, que aunque le putea que le ensuciemos la casa es su turno.
- Este martes me toca a mí pero yo no cocino porque soy un inepto, así que pediré unas pizzas en el Mermaids.
- ¡Vaya tortilla de papas nos han hecho las primas este martes!
- Oye, este martes en mi casa que voy a hacer pan casero y unas berenjenas a la parmesana que os vais a cagar.

Así, martes tras martes nos íbamos juntando en casa de uno, era como un ritual que poco a poco se fue consolidando hasta convertirse en la cena de Los Primos. Dentro del universo anglosajón que hay en Utila, habíamos encontrado un rincón para nuestra pequeña comunidad latina.
Sólo había un par de normas para poder asistir al gran evento: a las cenas de primos sólo podían ir primos y sólo se podía hablar en castellano. Cómo era de esperar las normas tardaron poco en romperse, el primo Javier empezó a traer a las cenas a su ligue australiano que por supuesto no hablaba castellano y se enfadaba porque no entendía nada pero aún así la muy pesada seguía viniendo, pero eso ya es otra historia.

Tanto rollo y aún no os he presentado a los primos: Elena la londinense de Madrid, Raquel la loca de Alicante pero un poco de Madrid, Mariano el argentino que vive hace siglos en Utila, Nicolás el colombiano de adopción catalán y Javier el latin lover de Vallecas.

A las pocas semanas de empezar nuestras reuniones las primas nos abandonaron, fue un golpe duro para los que quedábamos pero lo superamos a base de cenas cada vez más delicatessen. Que si Nico nos prepara unos camarones al ajillo, que si Javier nos sorprende con un chorizo y lomo ibérico espectacular que Mamá croqueta lo acompaña con un pà amb tomàquet casero… Una gozada vamos.

Poco a poco los primos fueron cayendo, hasta que al final Papá Croqueta y una servidora nos fuimos. Ahora sólo queda Mariano y Nico en la isla, pero Mariano tiene previsto irse una temporada a ver a las primas a Madrid. Nico nos prometió que seguiría organizando las cenas de primos cada martes aunque estuviera sólo, de momento no hemos recibido pruebas al respecto. ¿Se habrá perdido la magia de los martes de primos?

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Octubre 25, 2011

Souvenirs: Andrés y Gaby

Souvenirs: Andrés y Gaby

Los conocimos en la escuela de buceo, llegaron diciendo que no hablaban inglés y querían hacer el Open Water. La escuela les dijo que no había ningún problema, el instructor sólo hablaba inglés pero ellos iban a tener un asistente personal que les traduciría todo al español. Ese asistente personal era Papá Croqueta. ¿Se imaginan la cara de Andrés y Gaby al ver llegar a Papá Croqueta?

Fuera de todo pronóstico el curso fue estupendamente, Papá Croqueta hizo un trabajo impecable. Se quedaron dos semanas por la isla así que poco a poco entre buceos, cenas y cervezas fuimos intimando.

Andrés es colombiano de nacimiento y ecuatoriano de residencia. Trabaja y vive en Honduras desde hace casi tres años, amante de la montaña y enfermo de las bicicletas.
Gaby es ecuatoriana de nacimiento, vive en Honduras hace casi tres años, amante de la montaña y también enferma de las bicicletas. Sigue buscando a alguna hondureña que sea capaz de ganarla en alguna competición de ciclismo.

Después de nuestra aventura de dos semanas que tuvimos en Utila ellos se fueron a San Pedro Sula a seguir con su vida, nosotros nos quedamos en Utila a seguir con la nuestra. Seguimos en contacto pero no fue hasta diez meses después que nos volvimos a ver.

Nos alojaron en su casa durante varios días, nos llevaron a visitar Honduras en cuatro días, nos llevaron comer las enormes pizzas Big Foot que sólo se dan en el Pizza Hut, alquilamos películas de vídeo cada día. Me quedé sorprendida de que aún haya video clubs en el mundo, creo que llevo demasiado tiempo bajándomelo todo por internet. Ay, ¡cómo me oiga Ramoncín!
Las películas crearon un vínculo aún más fuerte entre nosotros. Cada día había un encargado de escoger una película y tengo que reconocer que cada día escogíamos una peor. Por supuesto el día que escogí yo fue la peor de todas. Nunca vean Hanna, ellos aún no me lo han perdonado.

En diciembre dejan Honduras por fin. Se vuelven a Ecuador dónde piensan montar una finca en el Monte. Van comprar vacas, hacer quesos artesanales y montar una especie de Hotelito para turistas como nosotros. Ya tengo ganas de que su finca sea una realidad para ir a visitarlos de nuevo porque son unos anfitriones como la copa de un pino.

Gracias por todo amigos.

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Octubre 17, 2011

Souvenirs: Los Parrots

Los Parrots

La familia Parrots es como todas las familias, tiene guapos y feos, altos y bajos, rubios y morenos, zurdos y diestros, locos y cuerdos, avenencias y desavenencias. Pero que os voy a contar que no sepáis sobre las familias, al fin y al cabo todos tenéis una.
Sólo voy a decir que nuestra idea al llegar a Utila no era buscar más familias, pues cómo ya sabéis nosotros también tenemos una, bueno dos pues en Chile tenemos otra, y tres familias significa más problemas y más herencia a repartir. Pero las familias no se buscan, tocan.

Llegamos a la isla para aprender a bucear y la historia ya la habéis oído un millón de veces, nos quedamos un año y pasamos de aprender a bucear a enseñar a pardillos como nosotros y todo esto lo hicimos con los Parrots. Tan fuerte era el vínculo que nos unía a ellos que los amigos de las otras escuelas de buceo (los enemigos, si de negocio hablamos) nos llamaban a Papá Croqueta y a mí “Los Parrots”.

Los Parrots nos enseñaron a bucear, nos introdujeron a la más pura vida Utileña, nos prepararon los más exquisitos manjares de la isla, nos intentaron enseñar utileño (la experiencia fue un fracaso), nos regalaron grandes noches de barbacoas, cervezas y charla, nos dieron trabajo, nos discutimos, por supuesto que nos discutimos, pero ¿qué es una familia sin discusiones?
Durante un año nos sentimos como en casa, formamos parte de todo el sarao que conlleva vivir en una isla de Piratas llena de Piratas difíciles de olvidar…
Alfred y su culo inquieto, imposible que esté sentado en el mismo lugar más de dos minutos seguidos.
Tatiana y Alfredito pegado a su teta. Nuestra mentora y la mejor cocinera de Utila.
Gaby y sus gritos en la oficina: “Monicaaaaa, ven a conseguir tu pagoooooooo”.
Theo, el gourmet francés.
Niv, el israelita al que le caen mal los israelitas.
Sam, aunque no nos entendiéramos nos entendíamos muy bien.
Caitlin, con ella crecimos.
Mark, especial dónde los haya.
Jeremy, nuestro instructor favorito.
Delaney, la hippie menos hippie.
Alan, negro, alto, guapo, dj, boxeador e instructor de buceo… ¿qué más se puede pedir?
John Wayne, el capitán, sí sí ese es su verdadero nombre.
Lo sé, me he olvidado muchos pero si sigo no terminaría nunca, espero que me sepáis perdonar.

Eternamente agradecidos a Los Parrots por hacernos un poco Piratas.

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Diciembre 9, 2010

Souvenirs: El hippie y la rubia de bote

Souvenirs: El hippie y la rubia de bote

Era una mañana soleada en la que pajaritos, monos y humanos cantábamos al unísono mientras nos dirigíamos a visitar el cráter del Volcán Masaya. Todo iba bien hasta que nuestros caminos se cruzaron y al igual que en las películas de Disney cuando aparece el malo en escena, el cielo oscureció, las delicadas nubes blancas se convirtieron en amenazantes nubes negras dónde los rayos caían sin dar tregua y el volcán, hasta esa mañana tranquilo, despertó y empezó a soltar unos gases tan criminales que tuvimos que hacer la visita con máscaras antigás. Aún no sé si fue casualidad que ese maravilloso día se convirtiera en un infierno, sinceramente no lo sé.
Pasaron dos semanas, de nuevo era una mañana tranquila y soleada en la que cucarachas, ratas y humanos cantábamos al unísono mientras nos preparábamos para partir en barco de Bluefields hacia las Corn Island. Todo iba bien hasta que nuestros caminos se volvieron a cruzar y toda esa armonía que nos envolvía se fue disipando poco a poco. Un viento infernal amenazó las costas caribeñas de Nicaragua y nos dejó cinco días anclados en un puerto de mala muerte. Aún no sé si fue casualidad que el soleado día se convirtiera en cinco días de espera al calor de unas cervezas, bocadillos de Chóped, partidas de parchís, niños con clara vocación a ser hippies, ingleses borrachos y arañas asesinas, sinceramente no lo sé.
Llegamos a Little Corn Island y algún extraño magnetismo nos hizo permanecer juntos durante otra semana. Por supuesto no hace falta que cuente que lo que tenía que ser una semana de sol en una paradisíaca isla del caribe se convirtió en una semana de lluvias tropicales y vientos huracanados. Aún no sé si fue casualidad, sinceramente no lo sé.
A estas alturas de la historia tendrán curiosidad por conocer las identidades de las dos personas con las que compartimos gran parte de nuestra aventura por Nicaragua. Y si bien no puedo asegurar que la mala suerte nos la trajeron ellos, pues mundialmente es conocido nuestro gafe, estoy casi segura que la conexión que hay entre nosotros es un tanto peligrosa.
Ellos son el hippie y la rubia de bote, aunque para despistar se hacen llamar Lluís y Rosa.
El hippie es un hippie en toda regla, tiene unas rastas que le llegan hasta el culo, le gusta ir descalzo, ducharse poco y hacer pulseras. El dato más curioso a revelar sobre él es que lleva una mochila que pesa el doble que él y contiene una flauta, una gralla, un palo de hippie de estos que sólo utilizan los hippies para hacer cosas de hippies, 3 Kg de hilo para sus creaciones pulserísticas, un parchís, una hamaca, un botecito de aceite de oliva de su pueblo, etc… ya sabéis, cosas más muy útiles para un mochilero.
La rubia de bote, tal y como indica su nombre es rubia y de bote. Pero no se dejen llevar por los tópicos, ella no es como las otras. Detrás de su apariencia dulce y delicada habita una implacable y eficaz asesina de arañas gigantes. Es también una profesional del parchís, se puede pasar horas jugando, y si su contrincante es el hippie no para hasta que arrasa con la partida.
Una pareja un tanto extraña que se complementó de maravilla con las Croquetas, pero algo me dice que si nuestros caminos se vuelven a juntar algo grave pasará, no lo sé, quizá es casualidad, yo sinceramente no lo sé.

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Octubre 25, 2010

Souvenirs: Avis Croqueta

Souvenirs: Avis Croqueta

Llegaron una tarde lluviosa, como lo iban a ser casi todas las tardes que estuvimos juntos. Los esperábamos en la recepción de su hotel cuando aparecieron de entre la intensa lluvia que caía en San José. Después de casi un año sin vernos, estábamos juntos de nuevo, los Avis Croqueta (papás de Mamá Croqueta) habían llegado.

Es curiosa la reacción que tienen todas las visitas al vernos, siempre se alarman por nuestra delgadez, en especial por la de de Papá Croqueta, tengo la certeza que a mí me lo dicen por compromiso, pues el michelín, aunque es más pequeñito, no me ha abandonado. Con los Avis Croqueta el procedimiento fue el mismo, se alarmaron y hablamos de la delgadez, de ahí pasamos al siguiente tema, el comer y por supuesto al hablar de comer salió a conversación mi tema favorito, el jamón. También habían escondido jamón en sus maletas, ¡volvíamos a tenerlo entre nosotros! Pero atención, Avi Croqueta me advirtió: “Cuando vi el jamón que os había comprado tu madre me asusté y me fui directo a comprar uno bueno de verdad “. Nuestra cara palideció, ¿Qué nos había traído Avia Croqueta?

Habíamos diseñado un plan perfecto para los doce días que pasaríamos juntos, ellos alquilarían un coche con el que iríamos a visitar bosques nubosos, volcanes, playas caribeñas, el inmenso Pacífico, comeríamos bien cada día dejando de lado el arroz con pollo que hace tantos meses que nos persigue y sobretodo disfrutaríamos de nuestras compañías. Eso sí, ellos dormirían en hoteles bonitos y caros y nosotros dormiríamos en hostales no tan bonitos y baratos. El viaje iba perfecto, tan bien que incluso Papá Croqueta se había engordado un poco. Pero ya se sabe que no siempre todo lo que empieza bien acaba igual y el quinto día de viaje las cosas se torcieron. Avi Croqueta recibió malas noticias de Barcelona y tuvo que regresar sin poder satisfacer su ilusión de bañarse en el Pacífico.
Seguimos el viaje con Avia Croqueta visitando volcanes y bosques, comiendo bien, pasándolo mejor y por supuesto no olvidamos el baño en el Pacífico.

Cuando Avia Croqueta se fue abrimos el primer sobre de jamón que nos trajeron y… ¡qué sorpresa! Avia Croqueta tuvo el honor de traer el peor jamón que nos ha llegado a tierras Americanas, eso no quiere decir que fuera malo, simplemente era el peor. Por suerte Avi Croqueta nos trajo el mejor.

Un viaje interruptus, y aunque sólo nos vimos unos días, el reencuentro fue fantástico, ¡ojalá podamos repetir!

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